El arte de la relajación
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Nueva edición digital de *El arte de la relajación*.
Edición revisada y publicada en Zenodo con licencia Creative Commons
BY-ND-NC 4.0.
Puedes leerla a...
OM MANTRA - Meaning and how to sing it
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*Om is the best known, representative and important mantra of yoga, and
singing should not be lacking in any individual yoga class or practice.*
*THEORY*
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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.
Hoy en día está muy de moda aprender a meditar, y numerosos medios hacen eco de los beneficios de la meditación. La ciencia está avalando las técnicas meditativas, y hay evidencias de que la meditación puede llegar incluso a cambiar la estructura del cerebro. Dicen los académicos (tras varios estudios), que la meditación continuada puede llegar a cambiar la plasticidad del cerebro y a mejorar la memoria, la autoestima, la empatía y ayudar a reducir el estrés. En los últimos años ha surgido la técnica del mindfulness, vinculada al ámbito académico y muy acorde a la mentalidad occidental. Es, podría decirse, meditación budista libre de toda filosofía y adoctrinamiento. Por este motivo, está ganando muchos adeptos. Además, cada vez son más los científicos que afirman que son ciertos sus beneficios, así que, razones de peso no faltan para comenzar su práctica. Lo cierto es que las técnicas de meditación tienen varios miles de años de antigüedad y han sido la piedra base del yoga, el budismo, el zen y otras disciplinas afines. El yoga concretamente, considera a la meditación como la técnica suprema.
En este post no voy a citar los beneficios de la meditación como si de un libro de recetas se tratase. De eso ya se encargarán los médicos, psiquiatras y científicos competentes. Yo sólo voy a indicar los motivos por los cuales uno podría sentirse inclinado a meditar. Meditar no es nada fácil que nadie se engañe. Aprender a meditar y lograr cierto dominio en el arte, requiere de mucho tiempo y esfuerzo. Está muy bien eso que dicen los científicos, pero, por muchos estudios que haya, por más que evidentes sean los beneficios de la meditación, eso no va a hacer que la gente medite. Voy a poner un ejemplo: "Hacer deporte es bueno". Hay miles de estudios que avalan esto; miles de científicos de todas las especialidades que lo corroboran. Es más (cosa que aún no sucede con la meditación), está en la cultura popular el concepto de que el deporte es bueno; todo el mundo sabe que el deporte es bueno, que hacer ejercicio es bueno... Y ahora la pregunta del millón de dolares: ¿Cuánta gente hace ejercicio con regularidad? Para meditar hace falta un requisito imprescindible: DESEAR MEDITAR. Si uno no desea meditar, no importa que cada día salga en las noticias de algún que otro medio de comunicación que meditar es bueno; no importa que se prediquen a los cuatro vientos sus beneficios. ¿Qué se puede hacer entonces? Bueno si estás leyendo esto probablemente algo de deseo por meditar tengas, al igual que deseo por practicar yoga, relajación, o hacer ejercicio para estar más sano o más feliz. Si existe esa pizca de deseo, es posible que mediante buenos argumentos se pueda potenciar ese deseo para que se vuelva lo suficientemente fuerte como para iniciarse en la meditación. Esa va a ser mi labor en los próximos posts, ir generando el deseo por meditar. Una vez que tu deseo sea fuerte, lo siguiente que necesitamos es el CONOCIMIENTO. Conocimiento sobre cómo meditar correctamente. Estoy preparando un curso completo de introducción a la meditación, que en breve espero terminar. Y por último quedaría pasar a la ACCIÓN, es decir, meditar... Sentarse a meditar y meditar.
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A partir de hoy está disponible en versión kindle mi libro Un día completo.
Puedes comprarlo en Amazon a través de este enlace. Sinopsis: Un día completo desde el alba hasta al anochecer... En un día completo
se resume la vida humana en un viaje simbólico de la conciencia,
dependiendo de la posición del Sol en el cielo. Un día sin sucesión
aparente en el que transcurre una vida completa. Es en cierta medida, un breve relato iniciático, que se va tornando
de mundano a poético y místico a medida que el Sol avanza hacia
occidente en su recorrido. Breve historia de este libro: Esta pequeña obra la escribí en el año 2008. Podría clasificarse como un relato largo o novela corta, ya que su extensión es de unas 11000 palabras, pero lo cierto es que ni yo mismo sabía como clasificarla cuando la presentaba. Quería decir mucho en pocas páginas... Quería insinuar más que decir.
Quería reflejar en un sólo día simbólico toda una vida y más aun, todo
un ciclo evolutivo del alma humana. Cada nombre y detalle de este relato tiene su razón de ser y su significado. Traté durante un tiempo de publicarla en varias editoriales, pero debido a su corta extensión y a no poseer yo ningún "padrino", quedó durante años relegada en un cajón de mi escritorio. El nombre original que pensé para ella cuando la estaba escribiendo fue este mismo, Un día completo, pero antes de acabarla leí la historia de Apolonio de Tyana, y le cambié el nombre por el de El diario de Apolonio. Mantuvo ese nombre durante mucho tiempo, pero le he vuelto a dar su nombre original.
Os presentamos un nuevo podcast en el que desarrollamos el tema de la salud, concretamente en su aspecto de mantenimiento a través de los 5 puntos para la salud que propuso Swami Vishnudevananda: - Alimentación adecuada. - Respiración adecuada. - Ejercicio adecuado. - Descanso adecuado. - Pensamiento positivo.
Ya hemos hablado de esto en un anterior post, pero en este caso desarrollamos mucho más el tema en formato podcast.
Os dejo la grabación de la conferencia que di el otro día en DURGA MA YOGA ESKOLA, titulada: "LA PRÁCTICA DEL YOGA: HACIA LA SALUD, LA FELICIDAD Y LA ESPIRITUALIDAD".
Desde aquí sólo me queda agradecer una vez más a Leire Jauregi (Asha) por haberme abierto las puertas de su escuela para dar esa charla, y recomendar personalmente su centro para todos aquellos que busquen una escuela de yoga de calidad por la zona de Urretxu. Para más información podeís visitar su blog http://durgamayoga.blogspot.com.es/
El otro día la batería del coche me dio una lección; lección que ya sabía, pero que se me olvida con cierta frecuencia. Tenía aparcado el coche en el centro de Bilbao, y en hora y media tenía que estar en San Sebastián para entrar a trabajar, y entre medio hacer unos recados. No hacía ni un mes que había cambiado de coche, ya que mi antiguo vehículo, con más de 320.000 kilómetros sobre sus ruedas necesitaba un merecido descanso. Cual fue mi sorpresa al accionar el contacto y no poder arrancar el coche.
Un coche semi nuevo, en perfecto estado, con todo a punto... Volví a accionar la llave; el motor mudo, sin ninguna intención de arrancar. Me quedé sentado unos segundos, paralizado. Volví a intentarlo, nada; la batería estaba muerta. Sabía que era la batería por los síntomas. Salí del coche maldiciendo.
Abrí el capó, miré el motor, revisé los bornes de la batería, le di cuatro golpes por si volvía a la vida como si de una RCP se tratase. Nada. Cogí las herramientas que tengo en el maletero, apreté dos tuercas. Nada. Clamé al cielo y le pedí ayuda a Dios. Nada. Estuve tentado hasta de hacerle reiki a la batería, que en algún sitio había leído que se puede cargar una batería con reiki (menuda estupidez). Nada. Volví a insistir; volví a accionar la llave de contacto. Nada. Resignación absoluta.
No tenía ni un minuto más que perder, así que me decidí a pedir ayuda. Caí en la cuenta de que nada podía hacer por mí mismo para arrancar el coche; ni con todo mi conocimiento, ni con todo el poder de mi cuerpo físico, ni con todo el deseo por arrancarlo podría hacer nada más. Cogí el teléfono y llamé a mi seguro. 20 minutos después apareció la grúa que había pedido. Nada más bajarse el técnico le dije que casi con total seguridad no arrancaba porque (por algún motivo que desconozco) se había descargado la batería. Le puso las pinzas a la batería y 30 segundos después el coche estaba en marcha. Aquella mañana conseguí hacer los recados pendientes y llegar puntual al trabajo.
¿Qué es pedir ayuda? ¿Cuándo hay que pedirla? ¿Por qué nos cuesta tanto pedirla? Pedir ayuda significa que nosotros no somos capaces de hacer o de solucionar algo por nosotros mismos, y ese hecho hiere a nuestro orgullo, a nuestro ego que se resiente por no ser infalible. «Si yo no puedo, nadie puede», piensa; o «ya se arreglará solo, con el tiempo». Esas son las dos frases favoritas del ego herido.
Primero hago todo lo que puedo, todo lo que está en mi mano. Tampoco hay que abusar a la hora de pedir ayuda, ya que también hay gente que tiene mucha facilidad para pedirla, pues por comodidad prefiere que los demás le solucionen los problemas; pero no, primero hacemos todo lo que podemos, todo lo que está en nuestra mano. Si vemos que por nosotros mismos no podemos solucionar el problema, es momento de tomar consciencia de este hecho y pedir ayuda. Pedir ayuda no significa que seamos débiles o que seamos unos fracasados. Pedir ayuda forma parte de la naturaleza humana, es más, es un acto de humildad que nos hace ser conscientes de nuestras limitaciones y nos engrandece en cierta medida.
Si aquella mañana no hubiera pedido ayuda, jamás habría podido encender el coche por mí mismo, y el tiempo no carga una batería por sí sola. De no haberlo hecho habría llegado tarde al trabajo y quizá ese hecho pudiera bastar para perderlo. De igual manera, hay mucha gente que está enferma y no es capaz de pedir ayuda. Hay gente que tiene problemas y no es capaz de pedir ayuda. En algunos casos, uno puede perder más que un trabajo, puede perder la vida por no dejarse ayudar.
Pedir ayuda tampoco significa delegar en otra persona nuestro problema, significa lo antes dicho, poner todo de nuestra parte y que otra u otras personas añadan ese extra que permita que la solución se de.
¿Quién puede ayudar? No ayuda el que quiere, sino el que puede. Los profesionales en la materia son los más adecuados para según que tipo de ayuda. Si se estropea el coche no vamos a llamar a un cirujano, llamaremos a un mecánico. Si estamos enfermos, habrá que contar con algún profesional médico. Si necesitamos de ayuda del orden emocional o mental, un buen psicólogo o un buen amigo que nos escuche será lo que necesitemos.
A veces la ayuda puede ser ínfima pero suficiente para solucionar un problema; otras hará falta mucha ayuda. Pero hay que pedirla explícitamente; esto es muy importante, pedirla. Muchas veces damos por supuesto que los demás saben que necesitamos ayuda, y como no nos ayudan, nos enfadamos con ellos. «Deberías haber sabido, deberías haberte dado cuenta que estaba mal», les reprochamos. ¿Pero acaso les hemos pedido ayuda?
Hay que pedir cuando uno lo necesita. Pedir y alguien os ayudará, ya sea un alma caritativa o un buen profesional que os cobre por sus servicios. Pero lo que está clarísimo es que «no hacer nada» no ayudará a nadie, a no ser que no hacer nada sea lo más conveniente en dicha circunstancia (cosa rara pero posible, y que hay que saber discernir muy bien).
Mucha gente se acerca a la práctica del yoga con el objetivo de aprender a relajarse. El estrés es algo tan común hoy en día que todos, en mayor o menor medida, lo padecemos. El estrés puede definirse de muchas maneras, pero ante todo es tensión; tensión física y psíquica. Su remedio: la relajación.
Todo el mundo quiere aprender a relajarse sin necesidad de irse a un lugar idílico; podemos hacerlo en nuestras propias casas, pero ese aprendizaje requiere de práctica, de tiempo y de técnica. Aprender a relajarse es sin duda una gran inversión que podemos hacer en nosotros mismos, ya que nos ayudará a lididar con el estrés y a poseer una poderosa herramienta que nos permita obtener una mayor calidad de vida.
Para profundizar en este tema puedes escuchar este podcast y ver este vídeo, que te darán las nociones generales para iniciarte en la práctica de la relajación.
Feliz aprendizaje y práctica. No dudes en consultarme cualquier duda o dificultad que puedas tener.
Inauguramos hoy esta nueva modalidad de transmitir el conocimiento del yoga, a través de podcast o archivos de audio en MP3 para que puedas escucharlos desde un reproductor o teléfono móvil, en cualquier momento del día.
Utilizaremos la plataforma IVOOX para colgar los audios, así como para que podáis suscribiros al canal RSS para estar al día con todas las actualizaciones. Para empezar tenéis un primer audio de 46 minutos en el que se explica qué es el yoga, su historia y evolución así como una descripción general del raja yoga de Patanjali. De este modo ya disponemos de tres modos de difusión: escrito (posts), en video (Youtube) y ahora en audio (podcast).
¿Qué es lo que queremos conseguir en esta vida? ¿Cuál es nuestra aspiración? ¿Qué nos empuja a emprender acciones para mejorar? ¿Qué es lo que buscamos?
Ya os lo digo yo: la felicidad.
Todos los seres humanos (salvo algún depravado, que también los hay), lo sepamos o no, tratamos de dirigir el barco de nuestra vida hacia un puerto llamado felicidad. Otra cosa es que lo consigamos o no, pero esa es la aspiración material del ser humano. Otro día ya hablaremos de la meta del alma, que es la Realización.
Así, todas nuestras acciones llevan como aspiración el ser felices algún día. Por eso buscamos un oficio, un empleo, un hogar, una pareja, una familia, unas amistades, unas comodidades materiales..., para intentar ser felices; y digo "intentar" expresamente.
El deseo impulsa nuestras acciones, y nos hace apegarnos y buscar aquellas situaciones que nos producen bienestar, y nos hace alejarnos de aquellas que nos producen dolor e inseguridad. El deseo no es malo, siempre y cuando esté bien dirigido y no condicione nuestra mente.
En esta sociedad de consumo en la que vivimos, totalmente superficial, y manipulada hasta el extremo por las élites que dirigen el mundo, lo que impera es la ley del deseo. Perseguimos el objeto de nuestro deseo, cual conejos tras una zanahoria, ciegos y alentados por los demagogos que impulsan nuestra acción.
Constantemente nos bombardean a través de los medios de comunicación con mensajes subliminales y no tan subliminales, que unidos a la inherente naturaleza pasional del ser humano, hacen que nuestra vida sólo tenga sentido si conseguimos bienes materiales y afectivos, acorde a los cánones de la sociedad. Sólo soy feliz si tengo; sólo estoy bien si consigo satisfacer mis deseos. He aquí la trampa; he aquí el camino directo hacia la infelicidad.
Un deseo sólo tiene tres salidas posibles:
1. Que sea satisfecho.
2. Que sea parcialmente satisfecho.
3. Que no sea satisfecho.
En el primer caso logramos una "felicidad transitoria", un estado de euforia y satisfacción, que pronto se ve apagado, pues la naturaleza del deseo es desear; y cuando un deseo es satisfecho, este se reemplaza por otro. Si deseaba un deportivo rojo, y lo consigo, al poco tiempo comenzaré a desear un barco amarrado en el puerto. Si deseo un piso, y lo consigo, al poco desearé una casa en el campo. "Y hasta que no lo consiga no seré feliz"; y de hecho, por esta vía nunca seremos felices, pues siempre habrá algún deseo que satisfacer.
Si el deseo es parcialmente satisfecho, queda un sabor agridulce: "Bueno, podría ser mejor...". "Sí, no está mal...". "Quería un deportivo rojo, pero he conseguido un utilitario azul". "Quería un piso de propiedad, pero sólo he logrado un piso de alquiler". "Quería la pareja perfecta... pero...". El camino de los deseos parcialmente satisfechos lleva directo a la insatisfacción.
Y por último, están los deseos no satisfechos, en los cuales no conseguimos nada de aquello que deseamos, y por consiguiente, surge la frustración.
Esto es lo que nos vende la sociedad: deseos, deseos y deseos... "Y sólo serás feliz cuando obtengas lo que deseas". ¿Veis dónde lleva el camino del deseo? En los tres casos, inexorablemente, lleva hacia el sufrimiento.
¿Cómo ser felices entonces? ¿Qué hacer para hallar la tan ansiada felicidad? Vivir el momento presente. Desear lo que la vida te ofrece en cada momento, esa es la clave. No lo que te gustaría, sino lo que la vida te va poniendo delante en cada momento. ¿No te gusta? Pues se inteligente, domina tu deseo, y haz que te guste. Eso no significa que haya que ser conformista y no luchar por algo mejor, en absoluto; simplemente se trata de vivir con la menor insatisfacción y frustración posibles, y para ello es imprescindible dominar nuestro deseo en cierta medida.
¿Cual es el requisito imprescindible para lograr esto? La paz interior. Allí donde hay paz interna, las mareas del deseo no tienen poder. La paz interior nos permite tomar las riendas de nuestra vida, el timón de nuestro barco, y dirigirlo hacia el puerto de la felicidad, no sin pasar adversidades, que nadie se engañe. No es fácil este camino. Después de la paz interior, ha de venir la claridad mental, ese estado de visión transcendente que hace ver las cosas en su conjunto, y darle a cada cuestión la importancia que merece.
¿Cómo lograr paz interior?Hay muchas formas, pero evidentemente voy a recomendar la práctica del yoga. El yoga nos permite construir los cimientos para que esa paz se de, y posteriormente se pueda asentar esa claridad mental, ese discernimiento que será la clave para llegar a esa tan deseada meta llamada felicidad.
"Cuando los Dioses quieren castigar a los hombres, les conceden todos sus deseos" Rig Veda
El otro día cogí una receta por Internet para hacer una tarta de queso. Conseguí todos los ingredientes y me puse a hacerla; la dificultad llego en la parte en que tocaba montar la nata y no había caído en la cuenta de que no tenía batidora eléctrica. Así que cogí un tenedor y me puse a batirla a mano.
Pasaban los minutos y todo seguía igual: la nata líquida en el bol sin un pequeño indicio de montarse. Seguí batiendo con fuerza, porque sabía de oídas que la nata se montaba así, batiéndola, pero a medida que pasaban los minutos mis manos y antebrazos se iban cansando y la duda comenzaba a fraguar en mí. “!Esto es imposible, la nata no se puede montar así!”, pensé; pero tengo que montarla porque si no tendré que tirar todos los demás ingredientes y quedarme sin tarta de queso.
Pasaron más minutos, sentía dolor físico acuciado en manos y antebrazos, la duda, el pesimismo y la desesperación ya campaban a sus anchas por todo mi ser. “Me han engañado, la nata no se puede montar con un tenedor”, pensaba, pero mi voluntad y mi fe en que lo lograría me hicieron no desistir y seguir adelante, a pesar de no haber ni un sólo indicio de que la nata se estuviera montando.
Seguí y seguí... Pasados algo más de diez minutos, ¡oh, milagro!, la nata se empezó a montar y apenas un minuto después de ese hecho ya estaba totalmente montada. Una sonrisa de satisfacción borró el dolor de mi mano, continué haciendo la tarta y después me la comí. Deliciosa.
Lección de la nata:
Si queremos que se transforme, de líquida a sólida (un cambio a mejor), tenemos que trabajarla el tiempo necesario. No hay magia, sólo ciencia. La nata se monta debido a que al batirla, las moléculas de grasa se combinan con el aire en una reacción química y aumenta el volumen varias veces, dándole ese aspecto y esa textura característica de la nata montada. Eso requiere tiempo y trabajo; no hay más secretos. Si no la batimos con la suficiente intensidad o el suficiente tiempo, no se monta. Vamos a suponer que la nata necesita 12 minutos de batido ininterrumpido a unas revoluciones moderadas. Si estamos menos tiempo no se monta. Si batimos a menos revoluciones no se monta. Si batimos a las revoluciones adecuadas durante 10 minutos, nos cansamos, y al cabo de otros diez minutos batimos 2 minutos más, no se monta.
¿Qué tiene que ver esto con el yoga? Pues lo mismo: el yoga nos transforma. El yoga transforma nuestro cuerpo y nuestra psique (para bien) con una práctica constante y con tiempo. Hay gente que comienza la practica y se cansa pronto; hay gente que practica un tiempo pero no con la suficiente intensidad; hay gente que desiste justo un poco antes de que “comience a montarse la nata”. Después, toda esta gente dice que el yoga no funciona, que sus beneficios son una mentira o algo inventado. Lo mismo sucede con la meditación, nos sentamos durante días, meses o años a meditar y nada pasa, todo sigue igual que siempre, la “nata sigue líquida en el recipiente”, entonces desistimos y decimos que no funciona. Hay que seguir siempre hasta el final, pues cada ingrediente de la vida, tienen un punto diferente de “montado”.
Hemos dicho que todo proceso de montado requiere de trabajo y de tiempo, de esfuerzo y de paciencia, pero también hace falta otro ingrediente: fe. Fe en que se va a transformar, fe en que va a suceder, fe en el éxito. Los cinco sentidos no nos dan ningún indicio, la lógica dice que nada tiene por que pasar, pero sin embargo los sabios nos han dicho que sí que pasa, que la nata líquida se transforma en sólida, dando un sabor mucho mayor a la materia. A veces les creemos, a veces no.
Los cocineros, los chefs y los que alguna vez han montado la nata con un tenedor nos dicen que es posible hacerlo. Los maestros nos dicen que la práctica del yoga transforma al hombre. Si tenemos el conocimiento de esto, sólo nos falta incorporarle el deseo y la acción.
Primero se necesita el conocimiento, de que algo se puede hacer, después viene el deseo y la voluntad de hacerlo; pero eso no se materializa hasta que la acción, aliada con otro ingrediente fundamental, el tiempo, logran realizarlo.
Decía Vivekananda, un gran maestro de yoga, que "12 segundos de concentración llevan a la meditación". Mantener 12 segundos la concentración es 12 veces más difícil que batir la nata 12 minutos seguidos con un tenedor, pero el proceso de transformación es el mismo.
Conocimiento, deseo, acción y tiempo, nada más necesitas para montar la nata...