AIMARUS. - Hoy hablaremos sobre el
conocimiento y la sabiduría.
CRITÓN. -¡Ah!, ¿pero no son lo
mismo?
AIMARUS. -No, querido Critón, lejos
dista el uno del otro, aunque cercanos sean los conceptos que de
ellos se tienen.
CRITÓN. -Explícate mejor, pues mi
entendimiento ansía diferenciar estos dos conceptos que hasta ahora
creía que eran uno.
AIMARUS. -Con mucho gusto hallaremos la
respuesta a ello, entre los dos, investigando paso a paso hasta
resolver dicha diferenciación. Comencemos con la siguiente cuestión:
¿Quién es el que sabe?
CRITÓN. -¿Un sabio?
AIMARUS. -Correcto. ¿Y quién es el
que conoce?
CRITÓN.- ¿Un conocedor?
AIMARUS. -Podría ser, mas llamémosle
erudito. Erudito es aquel que conoce muchas cosas, bien sea de una o
de varias materias. En cambio sabio es aquel que sabe algo, bien sea
mucho o poco, pero sabe.
CRITÓN. -Ya veo... Pero sigo sin
entender bien que diferencia hay entre conocer y saber.
AIMARUS. -No te apures, excelente
Critón, pues la duda que ahora te acecha es muy común incluso entre
los muy inteligentes. Ea, sigamos investigando:
>>El conocimiento
procede de la mente, al igual que el entendimiento. Nosotros
conocemos aquello que está en nuestra mente en forma de memoria,
pues si no lo recordamos, aunque alguna vez lo hayamos aprendido, lo
desconocemos. La mente puede recopilar una ingente cantidad de datos,
podemos conocer muchas cosas, haber leído cientos de volúmenes de
temas diversos y por ello creernos que sabemos mucho. Pero,
convendrás conmigo en que aquel que ha leído mucho no puede
considerársele como sabio, ¿no es cierto?
