El arte de la relajación
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Nueva edición digital de *El arte de la relajación*.
Edición revisada y publicada en Zenodo con licencia Creative Commons
BY-ND-NC 4.0.
Puedes leerla a...
OM MANTRA - Meaning and how to sing it
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*Om is the best known, representative and important mantra of yoga, and
singing should not be lacking in any individual yoga class or practice.*
*THEORY*
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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.
El quinto y último yama es aparigraha, traducido como «no acumular», «no codiciar» o «no recibir regalos». También se puede traducir como «desapego hacia los bienes materiales».
Parece ser algo habitual que los monjes de todas las tradiciones, tanto orientales como occidentales, hagan votos de pobreza. Esto hay que entenderlo correctamente en un contexto adecuado.
Los monjes o bien viven de limosnas, o al amparo de su convento o monasterio, sustentados de comida y techo. Pero hoy en día, los que no somos monjes necesitamos de bienes materiales para vivir, o como mínimo, para sobrevivir.
Los monjes orientales sostienen que los bienes materiales distraen al buscador de la verdad y lo encadenan al mundo material. Los monjes occidentales se basan en el pasaje del Evangelio que dice que «Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos».
Pero esto hay que interpretarlo de forma correcta:
El peligro de la codicia y de la riqueza es que nos obsesionemos tanto con lo material que no dirijamos nuestra mirada hacia lo espiritual. De aquí surge la frase del Evangelio, no por la riqueza en sí misma, sino por el apego que tiene el rico hacia su riqueza. Un rico desapegado de su dinero puede perfectamente entrar en el Reino de los Cielos. Por eso la clave no está en «no acumular», sino en el desapego hacia los bienes materiales.
En este mundo lleno de desequilibrios e injusticias sociales, la riqueza no es un problema como muchos opinan, el verdadero problema es la pobreza. El mundo es próspero, muy próspero, y bien repartido y bien gestionado (con amor), hay riqueza para todos, prosperidad material para todos.
¿Hay que ser pobre? ¿Hay que hacer un voto de pobreza? ¿Es pecado ser rico o acumular dinero? No. Rotundamente no. Lo que hay que hacer es ser consciente de que hay una realidad espiritual, que la materia no lo es todo, e ir adquiriendo cierto desapego hacia los bienes materiales, pero sin descuidarlos ni dejar de valorarlos. Este es mi punto de vista.
Uno de los simbolismos de la cruz es que el travesaño horizontal representa la materia, y el travesaño vertical el espíritu. Hay que equilibrarlos. Si nos enfocamos solo en lo material nos desequilibramos; si nos enfocamos solo en lo espiritual nos desequilibramos. Equilibrio, el punto medio…
Hay que trabajar para obtener un sustento y bienes materiales, a no ser que queramos vivir de limosnas, de la caridad o abusar de la seguridad social. Está bien tener cierta educación financiera para asegurar nuestra jubilación, mediante bienes inmuebles o productos financieros. No hay que olvidarse tampoco de hacer donaciones a los más necesitados (esto los «no ricos» no pueden hacerlo). Por otro lado, tampoco hay que descuidar nuestra faceta espiritual y seguir siempre haciendo un trabajo interior y buscar la verdad. Esta es la clave.
Brahmacharya es el 4º punto del Yama (primer peldaño del yoga), y muchas veces se traduce como castidad o celibato, pero nosotros lo interpretaremos como la virtud de la moderación.
Según el hinduismo antiguo, hay cuatro edades en el hombre:
Brahmacharya: Etapa de estudiante célibe (adolescencia).
Grihasta: Etapa de padre de familia (edad adulta).
Vanaprastha: Etapa de asceta en busca de la verdad (edad madura).
Sannyasa: Etapa de renunciante entregado a Dios (vejez).
Brahmacharya significa «el que sigue la senda de Brahma», pero a menudo se traduce como celibato debido a que en esa etapa un requisito era el de permanecer célibe. Hoy en día esto está muy fuera de uso y es completamente ajeno a nuestro estilo de vida. Algunos yoguis y monjes (swamis) hacen votos de castidad, al igual que los monjes occidentales, pero no es necesario el celibato para la practica del yoga. La mayoría de nosotros, practicantes de yoga, tenemos que interpretarlo como «moderación».
La moderación es la virtud de la templanza, del justo término medio, del meden agan de los griegos, el «nada con exceso» (pero nada con exceso de mucho, ni con exceso de poco).
Si reprimimos un impulso natural tan poderoso como el sexo, eso puede llevarnos a graves trastornos de la personalidad y de la salud. La clave no está en reprimirlo, si no en controlarlo, en moderarlo. Hacer que el sexo sea algo útil, creativo y placentero en nuestra vida, sin que nos obsesione ni nos esclavice haciéndonos perseguirlo a toda costa como único objetivo en nuestra vida.
La búsqueda del sexo, del dinero y del poder son las tres grandes tentaciones del hombre, los tres grandes móviles de la vida que lo impulsan a moverse y a actuar en el mundo, pero esa búsqueda tan presente en la gran mayoría de seres humanos (eso forma parte de la naturaleza humana), nos puede hacer no dirigir nuestra mirada hacia otros aspectos más espirituales.
La moderación significa darle a cada cosa su importancia y no permitir que dirija nuestra vida.
Ser moderado, equilibrado, es una gran virtud que hay que trabajar duramente, pues los instintos y las pasiones humanas tienen muchísima fuerza, y si nos descuidamos, toman las riendas y el control de nuestra vida.
Brahmacharya es moderación, ni represión ni libertinaje: moderación. Alcanzar el «justo término medio» y mantenernos en equilibrio en él. Esto no es nada fácil, que nadie se engañe.
Hay maestros que dicen que solo mediante el celibato se pueden sutilizar las energías sexuales en energías espirituales, despertar la kundalini, activar los chakras superiores y alcanzar la realización espiritual. Bueno, que cada uno crea o entienda lo que quiera. Yo personalmente creo en la moderación, y es lo que trato de alcanzar, aunque a veces caiga en excesos de todo tipo.
El tercer punto del Yama es asteya (no robar), pero nosotros lo definiremos como “honradez”.
Por lo general los yamas se pasan muy por alto a la hora de aprender yoga, y este punto concretamente se obvia demasiado, ya que la mayoría de nosotros no vamos a robar un banco ni ser ladrones de profesión, pero esto hay que definirlo mejor.
La mayoría de nosotros no robamos no porque seamos virtuosos, sino por miedo a las represalias; por miedo a ser castigados y encarcelados por cometer un delito. En cambio, la honradez implica mucho más; la honradez es una virtud, y en caso de no existir leyes ni represalias, la persona honrada seguiría siendo honrada y no robaría, en cambio, “la ocasión hace al ladrón”, en el caso de aquellos que no tengan integrada fuertemente la virtud de la honradez.
En esta vida hay muchas formas de robar, no solo dinero o bienes materiales, también podemos robar tiempo y dedicación a los demás, así como recursos naturales de este planeta tan preciado.
Ser honrado significa ser consciente de todo aquello que nos corresponde por derecho sin intentar apropiarnos o agenciarnos de aquello que no es nuestro por derecho o no nos hemos merecido. El honrado también tiene confianza en la vida, y sabe que el universo es lo suficientemente próspero como para proveer a todos los seres de aquello que necesitan, sin la necesidad de recurrir al hurto.
El peligro de las virtudes es olvidarlas, y pensar que ya las tenemos integradas en nosotros. Si llega ese punto, corremos el peligro de descuidar la ética y la moral pensando que estamos por encima de ellas.