El arte de la relajación
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Nueva edición digital de *El arte de la relajación*.
Edición revisada y publicada en Zenodo con licencia Creative Commons
BY-ND-NC 4.0.
Puedes leerla a...
OM MANTRA - Meaning and how to sing it
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*Om is the best known, representative and important mantra of yoga, and
singing should not be lacking in any individual yoga class or practice.*
*THEORY*
...
Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.
El quinto punto del Niyama del yoga, conocido como Ishvara pranidhana, tal vez sea el más difícil de comprender y el que más polémica genere, ya que significa: rendición, compromiso y colaboración con Dios.
Para analizar bien este punto, primero tenemos que desarrollar la idea o el concepto de «Dios», cosa difícil en una sociedad atea, agnóstica y condicionada por las religiones de masas de nuestra época.
El yoga sí que cree en la existencia de un Dios creador supremo (llamado Ishvara o Brahman), y es por lo tanto una filosofía teísta, o más concretamente, monoteísta. El yoga, como he dicho en otras ocasiones, está amparado bajo el paraguas del hinduismo, y a pesar de que no es una religión, ni hay que convertirse al hinduismo, o creer el los preceptos del hinduismo, sí que comparte muchas ideas fundamentales con él.
A veces se piensa que el hinduismo es politeísta, es decir, que tiene a muchos dioses en su panteón, pero eso no es del todo cierto. El hinduismo, al igual que el judaísmo, el cristianismo y el islam, es esencialmente monoteísta, lo que sucede es que a las diferentes manifestaciones o atributos del Dios Uno se le da un nombre y una personificación, por eso, no es extraño ver a hindúes adorando a diferentes «dioses», pero en realidad adoran al Uno. Lo mismo sucede con los mantras, o sílabas sagradas de poder, que invocan y evocan los nombres de diferentes «dioses»; pero hay que comprender que en esencia solo hay un Dios único y omnipotente, cuyos atributos se individualizan.
Pero vayamos al origen de este punto: ¿Qué es Dios? ¿Existe Dios? ¿Cómo podemos saber de su existencia? ¿Qué significa rendirse y colaborar con él?… Veis que hay muchas respuestas a dar, y todas ellas difíciles.
Dios es el principio de vida, el creador del universo, la esencia de todo… Debido su complejidad, en las tradiciones se le conoce como «El Creador», «El Altísimo», «El incognoscible», «El todopoderoso (Pantokrator)», «El Ser Supremo», «El Padre», etc.
La etimología del nombre proviene de la tradición protoindoeuropea, de la tradición védica de la India, donde era conocido como Dyaus Pita (Padre Celestial), y de ahí, tanto su nombre como su concepto fue transmitiéndose a través de las diferentes tradiciones:
Dyaus Pita (sánscrito)
Zeus Pater (griego)
Iu Piter (latín pagano)
Deus Pater (latín cristiano)
Dios Padre (español)
Otras tradiciones lo conocen como Yavhé o Alá, mas poco importan los nombres que se le den, sino el concepto, porque no hay diferentes dioses, solo hay uno, aunque se le llame de diferentes formas.
El concepto más importante es el de «Creador», sostén y principio de vida. Todo lo creado en este universo tiene un creador. Mirad a vuestro alrededor: todo lo que veis ha sido creado por alguien, desde la herramienta más insignificante hasta la obra de arte más hermosa, pasando por nuestros cuerpos físicos. ¿Cómo el universo todo no iba a tener un Creador? Para mí esto resulta de «cajón de madera de pino», aunque los ateos y agnósticos dirán que el universo lo creó el Big-Bang y que después de eso, la ciega evolución orquestada por las leyes naturales han ido generándolo todo. Sí, es posible, pero, ¿quién creó el Big-Bang o las condiciones para que el Big-Bang se diera y se expandiera de la forma que lo ha hecho? Aquí surgen dos posturas:
La Creacionista.
La Evolucionista.
Hace poco me preguntaron: ¿Tú eres creacionista o evolucionista? «Las dos cosas», respondí. ¿Cómo es eso posible? Pues creo que hubo una mano hacedora, y que después ha habido una larga evolución de la materia, pero no guiada por leyes ciegas, sino por leyes inteligentes.
¿Existe Dios realmente? ¿Cómo podemos saberlo?
«A Dios Padre nadie le ha visto…» Yo no conozco a Dios, ni le he visto, ni sé casi nada sobre él. Pero para tratar de responder esa pregunta, vamos a utilizar la filosofía samkhya:
«Hay tres formas de obtener conocimiento sobre algo: Por percepción directa (suponiendo que no nos engañen los sentidos), por razonamiento adecuado y por testimonio verdadero».
Bien, quitando a cuatro o cinco místicos o elegidos (profetas) que han tenido el privilegio de conocer a Dios personalmente (o acercarse a él), y suponiendo que no les hayan engañado sus sentidos en una alucinación (algo muy habitual), lo que nos queda es utilizar el razonamiento adecuado y fiarnos del testimonio verdadero, o «supuesto» testimonio verdadero (las Santas Escrituras de las diferentes religiones).
Vamos primero con el tercer punto: Podemos tener fe y creernos lo que dicen las Sagradas Escrituras, y en ese caso ya no tendremos dudas de si existe Dios o no. Hay mucha gente que cree en ellas y a través de ellas encuentra revelación, consuelo e incluso salvación.
¿Pero y si no creemos en ellas? ¿Y si no son tan divinas ni inspiradas por Dios, sino por el hombre? Como tampoco hemos visto a Dios, solo nos queda el segundo punto, el del razonamiento adecuado, el de la deducción lógica. Pero este razonamiento ha de ser muy elaborado, porque si no, fácilmente caeremos en el ateísmo o en el agnosticismo. ¿Lo veis? ¿Por qué nuestra época está caracterizada por un marcado ateísmo y agnosticismo? Porque nadie ve a Dios y casi nadie cree en el testimonio verdadero de las Escrituras; solo les queda el razonamiento sobre Dios, que si es erróneo o incompleto, les lleva directa y lógicamente a la creencia en la no existencia de Dios (ateísmo), o a la indiferencia ante todo lo relativo a Dios y los reinos espirituales (agnosticismo).
Aquí hay un problema de base muy importante, el condicionamiento de las personas. Si una persona es creyente de alguna religión desde pequeña, es muy difícil hacerle cambiar de parecer. Si una persona es atea o agnóstica, es muy difícil hacerle cambiar de parecer (a no ser que tenga la gracia de ser inspirada de alguna forma y que la fe nazca en ella). «Angosta es la puerta que lleva a la verdad...», y «no hay lugar donde recostar la cabeza (certezas absolutas)», por todo ello, la duda siempre campará a sus anchas. Siempre habrá dudas sobre la existencia de Dios, siempre… Hasta que tengamos percepción directa sobre él y se disipen las dudas.
¿Qué hacer mientras tanto? Utilizar el razonamiento adecuado y tener algo de fe en las Escrituras y en lo que han dicho los profetas y sabios de antaño.
¿Qué sentido tiene la vida si se acaba todo? ¿Qué sentido tiene nuestra existencia si al morir nuestro cuerpo, se acaba todo para nosotros? ¿Realmente hay una «ciega inteligencia» guiando el universo y tan poco vale cada vida si tras un fugacidad es apagada en un silencio eterno? Absurdo.
A mí el razonamiento me invita a creer en la existencia de Dios y en un plan inteligente; me invita a pensar que somos mucho más que materia y que de alguna forma sobrevivimos a la destrucción de la materia en esa palabra sórdida llamada muerte. La razón me insta a creer que hay algo de cierto en los textos sagrados que nos han legado los antiguos. Trato de comprender para creer, y de creer para comprender, como decía San Agustín de Hipona.
¿Cómo rendirnos y colaborar con Dios?
O dicho de otro modo, ¿cómo colaborar con su plan? Por supuesto que si no crees en Dios o en la existencia de un plan divino, esto no te interesa, así que mi recomendación es que te saltes este punto y pases directamente a hacer asanas, que eso está muy de moda. Disfruta de la vida todo lo que puedas y mientras puedas, y después, cuando llegue tu hora…, pues ya se verá qué pasa.
Ishvara pranidhana significa colaborar con Dios, convertirse en un servidor de Dios. Para ello, claro está, primero hay que creer en Dios, y por ese motivo he dedicado los párrafos anteriores a tratar de dar argumentos, no para convencer a nadie, sino para generar un pensamiento crítico y que cada uno llegue a sus propias conclusiones.
¿Cómo colaborar? Pues tan sencillo como tratar de construir un mundo mejor con nuestra palabra, pensamiento y acción.
Este mundo esta lleno de injusticias, de odio, de separatividad, de sufrimiento… Piensa que somos una gran familia, piensa que estamos aquí como peones de albañilería para construir un mundo mejor, para convertir la Tierra en el Cielo…
¿No sabes qué hacer ni cómo hacerlo? Yo tampoco… Por eso este punto es Ishvara pranidhana, rendición…
«Oh señor, haz de mí un instrumento de tu paz...» «Oh señor, hágase tu voluntad y no la mía… Que mi palabra y mi acción estén en la medida de lo posible supeditadas a tu gran voluntad, y que mi voluntad personal influya lo mínimo posible...» «Oh señor, guíame… Que todo lo que digo y hago, sea para tu mayor gloria, y si me equivoco, porque mi mente es ignorante y mi voluntad a veces se tuerce, perdoname...»
No es nada fácil este punto: ni entenderlo, ni explicarlo, ni practicarlo; y menos hoy en día, donde el materialismo y el exceso de racionalismo campan a sus anchas. No es fácil hablar de Dios en un mundo donde te tachan de tonto e ignorante si crees en Dios; donde te tachan de infiel o pagano si no sigues la misma religión de otra persona.
Yo sé muy poco sobre estos temas, me considero ignorante, no soy una autoridad en la materia. Yo me guío por la luz de mi razón y por la voz de mi corazón, y como practicante de yoga y ser humano, trato de entender bien este concepto y de explicarlo lo mejor posible. Dicho esto, que cada uno siga la voz de su intelecto y de su corazón lo mejor que pueda, e igualmente, que colabore con Dios lo mejor que pueda; que haga todo lo que pueda por hacer de este mundo un poco mejor de lo que es.
El cuarto punto del Niyama del yoga se llama svadhyaya, que significa estudio o autoestudio, un hábito muy importante para conseguir una vida rica y plena.
Tradicionalmente se tiene la idea de que svadhyaya es «el estudio de textos sagrados del hinduismo», pero el término es mucho más amplio. En primer lugar hace hincapié en la importancia de un estudio autodidacta, en el que nosotros mismos nos implicamos, disciplinamos y buscamos nuestros temas de estudio (algo parecido al punto anterior, la autodisciplina), y no solo estudiamos textos hinduistas, sino todo texto que nos pueda aportar sabiduría y conocimiento de nosotros mismos.
El estudio y la lectura no solo es conocimiento teórico, es también práctica intelectual. Hay que estudiar, hay que leer de forma variada y abundante, para mantener nuestro cerebro tonificado y nuestro nivel cultural elevado. El conocimiento es poder, el conocimiento nos hace libres, el conocimiento nos da herramientas para desenvolvernos mejor en la vida.
Hoy en día muy poca gente lee libros, debido a que no tenemos la autodisciplina para hacerlo, y no tenemos tiempo o dinero para comprar libros. Bien, permitidme deciros que la mayoría de textos clásicos están disponibles de forma gratuita en formato electrónico, al ser patrimonio de la humanidad. Si quieres comprarlos en papel, permíteme decirte también, que no hay mejor inversión que el conocimiento.
Se puede leer en papel, desde el ordenador, una tablet o un teléfono móvil (¿Qué es kindle y cómo leerlo?). Puedes leer desde unos minutos al día hasta varias horas diarias. Mucho o poco, pero lee… Lee algo, infórmate, instrúyete, adquiere vocabulario y cultura.
¿Qué leemos? Aquí te dejo una lista con mi opinión personal sobre los libros imprescindibles para adquirir conocimiento y cultura general:
Los Upanishads. Textos clásicos del hinduismo. Gran fuente de sabiduría.
La Biblia. El libro por excelencia. 66 libros escritos por diferentes autores a lo largo de siglos. No importa si eres creyente o no, este libro está plagado de perlas de sabiduría. Si se te atraganta, lee al menos los Proverbios, el Eclesiastés y el Evangelio de San Juán.
El Bhagavad Gita. El libro más importante del yoga y del hinduismo. Si te da pereza leerlo, puedes escuchar la narración del texto completo que hice en YouTube.
Los Yogasutras de Patanjali. El texto fundamental del yoga, los famosos aforismos del padre del Yoga clásico.
El Dhammapada. Uno de los textos más importantes donde se recogen las enseñanzas de Siddhartha Gautama Buda.
Las analectas de Confucio. El texto ético por excelencio de este gran pensador chino.
El Tao Te King. Libro de sabiduría escrito por Lao Tse.
El Zoar. Texto fundamental de la Kabbalah, la mística judía.
Viveka Suddha Mani. Escrito por Shankaracharya, el máximo exponente del Advaita Vedanta.
La República. Libro donde se recoge casi toda la enseñanza de Platón.
Ética a Nicómaco. Uno de los mejores libros de Aristóteles.
De los deberes. Similar al anterior, escrito por Cicerón.
Las confesiones de San Agustín. El libro más importante de San Agustín de Hipona, gigante del pensamiento.
La Ilíada, la Odisea y la Eneida. Obras clásicas de la cultura grecolatina. Imprescindible su lectura.
El Quijote. Un libro que intimida, pero de lectura obligatoria para todos los hispanohablantes.
Esta es solo una pequeña selección, puedes leer una infinidad de libros más. Puedes variar la temática y tratar de tener conocimiento de varias disciplinas (filosofía, religión, ciencia, tecnología, literatura…).
En cualquier caso, trata de incorporar a tu rutina diaria el hábito del estudio y la lectura.
El tercer punto del Niyama del yoga se llama Tapas, que significa disciplina, o mejor dicho, autodisciplina.
La disciplina es la base para crear hábitos positivos y saludables, y son los hábitos los que nos llevan hacia el éxito en cualquier cosa que emprendamos. Patanjali, el padre del yoga, al igual que los grandes emprendedores y hombres de negocios de hoy en día, saben que las puertas de la habitación del éxito las abre el hábito, y el hábito lo construye la disciplina, o mejor dicho, la autodisciplina.
¿Cuál es la diferencia entre disciplina y autodisciplina?
Disciplina es algo que nos imponen desde fuera. Disciplina es algo que nos imponen figuras de autoridad: padres, profesores, mentores, sargentos, guías espirituales, gurues… Ellos nos imponen rutinas que tenemos que cumplir, nos gusten o no.
Autodisciplina es algo que nos imponemos nosotros mismos. Autodisciplina implica tomar las riendas de nuestra vida, el timón de nuestro barco, y ostentar el rango de Capitán. Gracias al conocimiento que vamos obteniendo, tomamos conciencia de que es necesario poner orden en nuestra vida y adquirir una serie de hábitos saludables que nos harán mejores personas.
Hábitos relacionados con la salud, hábitos relacionados con la cultura, hábitos relacionados con el desarrollo personal y la excelencia profesional. Hábitos autoimpuestos y llevados a cabo con diligencia. Hábitos que guiados bajo la Ley de la Agricultura nos harán cosechar tarde o temprano aquello que sembramos.
El hombre es esclavo de sus hábitos, y la única diferencia entre los que tienen éxito y los que fracasan, es que los primeros se hacen esclavos de hábitos positivos; los segundos, de hábitos negativos.
¿Cuáles son los enemigos naturales de la autodisciplina?
La ignorancia, la duda, la pereza y la procrastinación. Que en resumen podrían ser dos, pues la duda es hija de la ignorancia, y la procrastinación hija de la pereza.
Lo primero de todo es estar siempre bien informado, leer mucho y asistir a todo tipo de charlas, cursos y seminarios. El conocimiento es poder. El conocimiento es la mejor de las inversiones. El conocimiento nos dirá cómo organizar nuestra autodisciplina. La duda es falta de conocimiento, o falta de un poco más de conocimiento..., o no osar poner en práctica el conocimiento.
La pereza es el vicio de no actuar si no hay una recompensa inmediata; el vicio de ahorrar demasiada energía y no emprender ni realizar actividades de provecho.
La procrastinación, una bonita palabra, es el acto de postergar las actividades. «Ya lo haré luego...», «Ya lo haré mañana u otro día». Estas son las frases favoritas de los procrastinadores profesionales (categoría en la que podemos incluirnos muchos de nosotros).
¿Que no puedes hacer sesiones de yoga o de otra actividad física de una hora? Pues hazlas de 30 minutos.
¿Qué no puedes meditar 20 minutos todos los días? Medita 5 minutos.
¿Que no puedes leer unas páginas cada día de algún libro interesante? Lee unos cuantos párrafos al día.
¿Qué te da pereza cambiar de dieta? Haz cambios muy pequeños y progresivos en el tiempo.
¿Que no puedes ahorrar 100 euros al mes para tu jubilación? Ahorra 10 euros mensuales (si no puedes hacer eso, deberías plantearte muy en serio tu educación financiera).
¿Que no puedes hacer una infinidad de cosas que te gustarían? Hazlas en la medida en que puedas.
Ahora sustituye el «puedes» de todas las frases anteriores por el «quieres»: es lo mismo.
Sea lo que sea, hazlo. Combate la ignorancia, combate la duda, combate la pereza, combate la procrastinación. Create hábitos positivos y hazte esclavo de ellos. Tú decides tu camino hacia el éxito, o hacia el fracaso.
Eso es Tapas, eso es autodisciplina, ese es el tercer peldaño del Niyama del yoga. Ese es el secreto de los que tienen éxito.
Todos mis cursos están orientados a generar autodisciplina. Algunos pensarán que son muy simples o que no estoy muy encima de mis alumnos, pero tienen un objetivo muy definido: generar hábitos, crear capitanes.
El segundo punto del niyama del yoga se llama santosha, que significa contentamiento, y es uno de los puntos claves para la felicidad y para cultivar el pensamiento positivo.
Antes de nada, hay que diferenciar contentamiento de conformismo. Contentamiento significa estar contento por todo lo que somos y todo lo que tenemos, en todo momento de nuestra vida. Conformismo significa resignarnos a aceptar o soportar aquello que somos y tenemos, aunque no nos guste.
El contentamiento es una actitud inteligente, basada en el lema: «Si no puedes hacer lo que quieres, quiere lo que haces». El santosha se basa en aceptar los designios de la «inteligencia» que guía nuestras vidas. El hombre tiene todo lo que necesita para su mejor bien en cada momento de su vida, aunque haya momentos desagradables.
La tradición hinduista cree firmemente en las leyes del karma, que es la consecuencia del fruto de nuestras acciones. Todo lo que nos sucede, absolutamente todo, obedece a estas leyes espirituales, que actúan para nuestra evolución personal, para nuestro crecimiento y para saldar deudas.
Es fácil estar contento cuando todo va bien, pero no lo es tanto cuando las cosas se tuercen; y es muy difícil estar contento cuando las cosas se ponen feas de verdad. ¿De qué depende estar contento?
La mayoría de los mortales hacemos que nuestra felicidad dependa de lo externo. «Solo soy feliz si tengo; solo estoy bien si la vida me sonríe; solo estoy contento cuando todo me va bien». Pero, ¿cuándo pasa eso? ¿Cuándo nos va todo bien? Siempre hay algo que va mal, y ese «algo» enturbia nuestras vidas. Ese «algo» puede ser de tema sentimental, laboral, de salud, de dinero, de relaciones o de un sinfín de historias. A veces, muchas veces, ese «algo» se convierte en «algos», en muchos frentes abiertos con los que hay que lidiar, y entonces el pesimismo, el pensamiento negativo, la desesperación y la depresión, cual negros buitres, irrumpen en escena y lo oscurecen y enturbian todo.
«Solo seré feliz cuando tenga». ¿Y cuándo tendré? ¿Ese tendré acaso no forma parte del futuro? ¿Qué hay ahora? Pues el futuro cuando llegue será «ahora», y si ahora no eres feliz ni estás contento, por qué en otro «ahora» del futuro sí vas a serlo. Esa es la trampa.
El control emocional es la clave. El desarrollo del pensamiento positivo es la clave. Estar contento «ahora» es la clave.
¿Por qué no estás feliz y contento ahora? ¿Porque las circunstancias externas no te sonríen o porque tu mente y emociones te lo impiden? Las circunstancias externas pueden crear un entorno favorable para que las emociones positivas broten, pero hay casos, muchos casos, de personas que lo tienen todo (amor, trabajo, dinero, salud, éxito…) y aun así son desdichadas e infelices. ¿De qué depende entonces el estar contento? Del control de nuestros pensamientos y emociones. De la comprensión de que todo tiene un propósito, de la convicción (ecuanimidad) de que todo pasa, lo bueno y lo malo.
¡Qué fácil es decirlo! Y empero que difícil es conseguirlo; qué difícil es estar contento hoy en día; qué difícil es no estar decaído, derrumbado y deprimido en estos días, aun teniéndolo todo.
¿Cómo se controla la mente? ¿Cómo se refrenan esos caballos salvajes que tenemos por emociones y deseos? Deseos, ¡ah sí! Los deseos… Los deseos solo tienen tres salidas posibles:
1. Que sean satisfechos. Algo realmente difícil, por no decir imposible, pues siempre hay deseos nuevos. Si deseo algo y lo consigo, después de una breve euforia (emoción negativa también), ese deseo se sustituye por otro (el de conseguir algo mejor o diferente).
2. Que sean parcialmente satisfechos. Lo típico, que se satisfacen a medias, en una medida y calidad inferior a la que nos hubiese gustado. Eso genera insatisfacción.
3. Que no sean satisfechos. Más típico todavía. ¿Cuántos de nuestros deseos se quedan en el aire? «¡Oh loca fantasía, como construyes castillos en el viento!». Esto genera frustración.
¿Qué podemos hacer entonces para estar felices y contentos? ¿Cuál es la clave del santosha? Desde luego no es una clave fácil… Quizá sea más fácil de entender que de aplicar.
Abre la ventana por la mañana al levantarte, saca la cabeza y agradece estar vivo un día más. Agradece todo lo que eres y todo lo que tienes, aunque no te guste. Estamos vivos. Sé consciente de que vivimos como actores en un escenario donde cambian las situaciones y nuestros roles. Lucha por mejorar, sin caer en el conformismo, pero si perder ese contento.
No te aflijas si la vida te golpea y llena tu camino de adversidades, pues «la vida del hombre es lucha, y como días de mercenario son sus días». No vayas tras cosas vanas, no te dejes cegar por el brillo aparente de la materia. «Todo en el hombre es vanidad, y un esforzarse tras el viento». Busca lo que trasciende esa vanidad, esa cosa vana y efímera que es todo lo material. Aun así, lucha por conseguir bienes materiales y que todo lo material en tu vida esté cubierto, pero no olvides lo realmente importante; y lo realmente importante es lo Real.
Te lo recuerdo por si lo habías olvidado: El ser es lo real. Debajo de ese ser real, se ha corrido un tupido velo que nos impide ser conscientes de la naturaleza esencial de nosotros mismos, y donde los pensamientos, las emociones y los instintos gobiernan con tiranía, enmascarados.
¿Cómo estar siempre contento? Una vez le escuché decir a un cura católico, que haber nacido después de Cristo ya era motivo más que suficiente para estar contentos. Mucho me temo que para mucha gente ese motivo no será suficiente. ¿Cómo estar siempre contento? Repito. No lo sé… Ojalá lo supiera y estuviera yo también siempre contento y no tuviera que estar luchando siempre contra emociones y pensamientos negativos que muchas veces me hacen estar triste y decaído, en una especie de montaña rusa donde hay picos y valles, momentos buenos y momentos malos.
¿Cómo estar siempre contento? Quizá la práctica del yoga, la práctica de la relajación, la respiración, los ejercicios corporales, el estudio, la meditación, la comprensión, la fe en algo transcendente, el cultivo de nuestras relaciones y el tiempo, consigan lograr que poco a poco esa montaña rusa emocional en la que estamos inmersos todos los mortales se convierta en un agradable y pacífico viaje en un tren sin apenas curvas y pendientes. «¡Qué aburrido será entonces!», dirán muchos. Sí, la felicidad es un estado bastante soso y aburrido, ese es su precio.
Santosha… un término muy importante. Conócelo, recuérdalo, practícalo… Si las sombras y el ejército de las tinieblas te acosan y te hacen caer, estar triste y negativos, no te rindas ni te abandones; levantate, ten coraje y paciencia, mucha paciencia... Vuelve a recordar y a practicar el santhosa, vuelve a estar contento, trata de estar contento. Trata de sacarle el mejor partido a la vida; trata de perdonar y agradecer; de aprender y de servir. Trata de estar cada vez más centrado en tu ser Real, y su contacto te dará motivos más que suficientes para estar siempre contento.
El primero de los niyamas del yoga se llama saucha en sánscrito, que significa pureza. Se asocia a la higiene corporal y la pureza del corazón.
Es bien sabido que muchas enfermedades son producidas por la falta de higiene corporal, y de esto, ya se percataron los yoguis hace milenios.
Para un yogui, el cuerpo físico es la envoltura del atman, es «el templo del Dios vivo»; y ha de estar siempre limpio, pulcro y bien acondicionado. Asimismo, las ropas han de estar también limpias y perfumadas.
Hay numerosas técnicas de limpieza del cuerpo físico, que en el yoga son conocidas también como kriyas. Tratan de limpiar todas las partes del cuerpo mediante técnicas sencillas y naturales
Las más conocidas son:
- Danta dhauti (limpieza de dientes): Hoy en día es de lo más normal del mundo, y no hay hogar en el que no falte un cepillo de dientes.
- Raspado de lengua: La lengua se cubre de toxinas, especialmente durante la noche, y es conveniente rasparla suavemente con un aparato acondicionado para ello, sobre todo por las mañanas al levantarnos.
- Jala neti (limpieza de la nariz): Mediante una jarra de ducha nasal llamada lota, que se llena de agua tibia con sal para limpiar la suciedad interna de la nariz. En el siguiente vídeo explico cómo usarla correctamente al igual que el uso del raspador de lengua.
- Nauli kriya: Una especia de «danza del vientre» yóguica, cuyo objetivo es movilizar los órganos abdominales para su estimulación y la liberación de toxinas.
- Shank prakshalana: Un sofisticado ejercicio de limpieza de estómago e intestinos mediante el uso de agua salada y varios ejercicios físicos. El objetivo es ingerir grandes cantidades de agua salada hasta evacuar todo el contenido de los intestinos y limpiarlos profundamente. Está técnica quizá la expliquemos en otro artículo. No hay que hacerla con mucha frecuencia (una vez al año como mucho) y siempre hay que hacerla bajo supervisión.
- Kapalabhati: Limpieza de los pulmones mediante una respiración vigorosa en forma de fuelle.
Hay más técnicas, aunque estas sean las más conocidas. En cualquier caso, tampoco hay que olvidar la ducha diaria, un poco de aceite o crema hidratante y un buen perfume o agua de colonia. Pocas cosas hay más desagradables que una persona con mal olor corporal.
En cuanto a la pureza interna, o pureza del corazón, esta si cabe es mucho más difícil de lograr que la pureza externa, aunque poco a poco hay que tratar de alcanzarla, mediante la transmutación de los vicios en virtudes (la verdadera alquimia) y el desarrollo del amor (el mayor purificador del corazón).
El segundo peldaño del yoga clásico, se llama Niyama, y significa observancias o hábitos positivos. Son 5, que junto a los 5 yamas, hacen los «10 mandamientos del yoga» o el decálogo del yoga.
En la versión ortodoxa, Yama es lo que no hay que hacer y Niyama es lo que sí hay que hacer. Desde mi punto de vista, si el yoga nos tiene que decir lo que sí y lo que no tenemos que hacer, estamos siguiendo una religión. Por eso, a mí me gusta definir el Yama como «preceptos éticos y morales» y el Niyama como «hábitos positivos».
En este artículo haremos un breve resumen de cada uno de los niyamas, y en los siguientes artículos los veremos a fondo uno a uno.
1- Saucha:Pureza. Mantener el cuerpo físico en correctas condiciones de higiene. También cultivar la pureza interior de emociones y pensamientos.
2- Santosha:Contentamiento. Cultivar el pensamientos positivo, ser agradecido con todo lo que tenemos y lograr ser felices mediante el contentamiento, que es muy diferente del conformismo.
3- Tapas: Autodisciplina. Poseer una rutina de trabajo interior y seguirla con paciencia y constancia. 4- Svadhyaya:Estudio. Estudio de uno mismo y de los textos clásicos de sabiduría.
5- Ishvara pranidhana:Entrega, compromiso y colaboración con Dios. Un concepto difícil que habrá que explicar bien.
Los niyamas, al igual que los yamas, suelen ser «los grandes olvidados» del yoga, y ni se conocen ni se practican lo suficiente. El yoga comienza por estos dos peldaños tan importantes.
Vamos a ver de forma resumida los 5 yamas del yoga, que conforman el primer peldaño de los 8 que tiene el yoga clásico.
Los yamas se pueden ver desde dos puntos de vista diferentes:
Tradicional
Yama = restricciones = lo que no hay que hacer
1. Ahimsa = No violencia 2. Satya= no mentir 3. Asteya = no robar 4. Brahmacharya = no mantener relaciones sexuales 5. Aparigraha = no acumular posesiones materiales
Este punto de vista es bastante seguido y aceptado por las escuelas ortodoxas de yoga y por los swamis, monjes o ascetas, ya que seguir esos principios implica hacer votos de castidad y de pobreza, entre otras cosas.
El siguiente punto de vista es más moderado, y es el que yo personalmente sigo y enseño.
Moderno
Yama = preceptos éticos y morales
1. Ahimsa= amor al prójimo 2. Satya = buscar y expresar la verdad 3. Asteya = honradez 4. Brahmacharya = moderación 5. Aparigraha = desapego hacia las posesiones materiales
Estos cinco principios son universales y atemporales, y un buen yogui, al igual que un buen ser humano, se caracteriza por tener estos principios integrados en su ser. Esta es la base del yoga; esta es la puerta de entrada hacia el yoga; esto es sumamente importante y no se enseña lo suficiente en las escuelas de yoga.
Haz click en cada yama para obtener una descripción más detallada sobre ellos.
El quinto y último yama es aparigraha, traducido como «no acumular», «no codiciar» o «no recibir regalos». También se puede traducir como «desapego hacia los bienes materiales».
Parece ser algo habitual que los monjes de todas las tradiciones, tanto orientales como occidentales, hagan votos de pobreza. Esto hay que entenderlo correctamente en un contexto adecuado.
Los monjes o bien viven de limosnas, o al amparo de su convento o monasterio, sustentados de comida y techo. Pero hoy en día, los que no somos monjes necesitamos de bienes materiales para vivir, o como mínimo, para sobrevivir.
Los monjes orientales sostienen que los bienes materiales distraen al buscador de la verdad y lo encadenan al mundo material. Los monjes occidentales se basan en el pasaje del Evangelio que dice que «Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos».
Pero esto hay que interpretarlo de forma correcta:
El peligro de la codicia y de la riqueza es que nos obsesionemos tanto con lo material que no dirijamos nuestra mirada hacia lo espiritual. De aquí surge la frase del Evangelio, no por la riqueza en sí misma, sino por el apego que tiene el rico hacia su riqueza. Un rico desapegado de su dinero puede perfectamente entrar en el Reino de los Cielos. Por eso la clave no está en «no acumular», sino en el desapego hacia los bienes materiales.
En este mundo lleno de desequilibrios e injusticias sociales, la riqueza no es un problema como muchos opinan, el verdadero problema es la pobreza. El mundo es próspero, muy próspero, y bien repartido y bien gestionado (con amor), hay riqueza para todos, prosperidad material para todos.
¿Hay que ser pobre? ¿Hay que hacer un voto de pobreza? ¿Es pecado ser rico o acumular dinero? No. Rotundamente no. Lo que hay que hacer es ser consciente de que hay una realidad espiritual, que la materia no lo es todo, e ir adquiriendo cierto desapego hacia los bienes materiales, pero sin descuidarlos ni dejar de valorarlos. Este es mi punto de vista.
Uno de los simbolismos de la cruz es que el travesaño horizontal representa la materia, y el travesaño vertical el espíritu. Hay que equilibrarlos. Si nos enfocamos solo en lo material nos desequilibramos; si nos enfocamos solo en lo espiritual nos desequilibramos. Equilibrio, el punto medio…
Hay que trabajar para obtener un sustento y bienes materiales, a no ser que queramos vivir de limosnas, de la caridad o abusar de la seguridad social. Está bien tener cierta educación financiera para asegurar nuestra jubilación, mediante bienes inmuebles o productos financieros. No hay que olvidarse tampoco de hacer donaciones a los más necesitados (esto los «no ricos» no pueden hacerlo). Por otro lado, tampoco hay que descuidar nuestra faceta espiritual y seguir siempre haciendo un trabajo interior y buscar la verdad. Esta es la clave.
Brahmacharya es el 4º punto del Yama (primer peldaño del yoga), y muchas veces se traduce como castidad o celibato, pero nosotros lo interpretaremos como la virtud de la moderación.
Según el hinduismo antiguo, hay cuatro edades en el hombre:
Brahmacharya: Etapa de estudiante célibe (adolescencia).
Grihasta: Etapa de padre de familia (edad adulta).
Vanaprastha: Etapa de asceta en busca de la verdad (edad madura).
Sannyasa: Etapa de renunciante entregado a Dios (vejez).
Brahmacharya significa «el que sigue la senda de Brahma», pero a menudo se traduce como celibato debido a que en esa etapa un requisito era el de permanecer célibe. Hoy en día esto está muy fuera de uso y es completamente ajeno a nuestro estilo de vida. Algunos yoguis y monjes (swamis) hacen votos de castidad, al igual que los monjes occidentales, pero no es necesario el celibato para la practica del yoga. La mayoría de nosotros, practicantes de yoga, tenemos que interpretarlo como «moderación».
La moderación es la virtud de la templanza, del justo término medio, del meden agan de los griegos, el «nada con exceso» (pero nada con exceso de mucho, ni con exceso de poco).
Si reprimimos un impulso natural tan poderoso como el sexo, eso puede llevarnos a graves trastornos de la personalidad y de la salud. La clave no está en reprimirlo, si no en controlarlo, en moderarlo. Hacer que el sexo sea algo útil, creativo y placentero en nuestra vida, sin que nos obsesione ni nos esclavice haciéndonos perseguirlo a toda costa como único objetivo en nuestra vida.
La búsqueda del sexo, del dinero y del poder son las tres grandes tentaciones del hombre, los tres grandes móviles de la vida que lo impulsan a moverse y a actuar en el mundo, pero esa búsqueda tan presente en la gran mayoría de seres humanos (eso forma parte de la naturaleza humana), nos puede hacer no dirigir nuestra mirada hacia otros aspectos más espirituales.
La moderación significa darle a cada cosa su importancia y no permitir que dirija nuestra vida.
Ser moderado, equilibrado, es una gran virtud que hay que trabajar duramente, pues los instintos y las pasiones humanas tienen muchísima fuerza, y si nos descuidamos, toman las riendas y el control de nuestra vida.
Brahmacharya es moderación, ni represión ni libertinaje: moderación. Alcanzar el «justo término medio» y mantenernos en equilibrio en él. Esto no es nada fácil, que nadie se engañe.
Hay maestros que dicen que solo mediante el celibato se pueden sutilizar las energías sexuales en energías espirituales, despertar la kundalini, activar los chakras superiores y alcanzar la realización espiritual. Bueno, que cada uno crea o entienda lo que quiera. Yo personalmente creo en la moderación, y es lo que trato de alcanzar, aunque a veces caiga en excesos de todo tipo.
El tercer punto del Yama es asteya (no robar), pero nosotros lo definiremos como “honradez”.
Por lo general los yamas se pasan muy por alto a la hora de aprender yoga, y este punto concretamente se obvia demasiado, ya que la mayoría de nosotros no vamos a robar un banco ni ser ladrones de profesión, pero esto hay que definirlo mejor.
La mayoría de nosotros no robamos no porque seamos virtuosos, sino por miedo a las represalias; por miedo a ser castigados y encarcelados por cometer un delito. En cambio, la honradez implica mucho más; la honradez es una virtud, y en caso de no existir leyes ni represalias, la persona honrada seguiría siendo honrada y no robaría, en cambio, “la ocasión hace al ladrón”, en el caso de aquellos que no tengan integrada fuertemente la virtud de la honradez.
En esta vida hay muchas formas de robar, no solo dinero o bienes materiales, también podemos robar tiempo y dedicación a los demás, así como recursos naturales de este planeta tan preciado.
Ser honrado significa ser consciente de todo aquello que nos corresponde por derecho sin intentar apropiarnos o agenciarnos de aquello que no es nuestro por derecho o no nos hemos merecido. El honrado también tiene confianza en la vida, y sabe que el universo es lo suficientemente próspero como para proveer a todos los seres de aquello que necesitan, sin la necesidad de recurrir al hurto.
El peligro de las virtudes es olvidarlas, y pensar que ya las tenemos integradas en nosotros. Si llega ese punto, corremos el peligro de descuidar la ética y la moral pensando que estamos por encima de ellas.
El segundo punto del Yama es satya (verdad). La verdad es, después del amor, lo más importante del yoga y la segunda cualidad más importante que ha de adquirir el practicante de yoga.
Satya en sánscrito significa verdad; es el homólogo a la aletheia griega. ¿Por qué es importante la verdad? ¿Por qué es importante este punto? Porque la verdad es una cualidad que escasea; la verdad casi siempre está velada; la verdad es la enemiga mortal de la mentira, y la mentira y sus agentes, siempre están al acecho para silenciar y ocultar la verdad.
El practicante de yoga ha de conocer la palabra satya y tenerla siempre presente. ¿Qué sucede? Que en el mundo hay millones de practicantes de yoga, pero solo unos pocos conocen y expresan satya. ¿Por qué? Porque la naturaleza de la mentira es ocultar la verdad.
Satya significa la búsqueda de la verdad ante todo, y la expresión de esa verdad a través de nuestras palabras y actos.
A menudo se interpreta satya como “no decir mentiras”, a modo de mandamiento. Esto es muy simplista y una estratagema de la mentira para ocultar el verdadero significado de satya. ¿Qué sucede? Que la interpretación simplista de esta palabra induce a tomarla a la ligera. Los yamas apenas se enseñan; los preceptos se interpretan como algo simple: ahimsa (no ser violento), satya (no decir mentiras), asteya (no robar)… Y así, en breves pinceladas nos saltamos el primer peldaño del yoga y pasamos al segundo, el Niyama, que se interpreta igual de simple para pasar al tercer peldaño, las Asanas. ¡Ah, este sí, este sí que me gusta! Vamos a hacer estiramientos, vamos a “hacer yoga”, que el yoga es eso, “hacer estiramientos”. He aquí el triunfo de la mentira.
Satya es la búsqueda de la verdad y su posterior expresión. Satya es el segundo punto más importante del yoga después del amor. Lo repito por si aún no ha quedado claro.
“Buscad la verdad, y la verdad os hará libres” Juan 8:32
¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es nuestra verdadera naturaleza? ¿Cuáles son las fuerzas que rigen nuestra vida? ¿Cómo está organizado este drama cósmico? ¿Quiénes son los maestros de marionetas? ¿Cuál es la naturaleza de la mentira? Buscad la verdad.
Evidentemente no hallaremos todas esas verdades de golpe, y su búsqueda nos puede llevar toda una vida o toda una serie de vidas, pero no hay que perder de vista nunca el concepto de satya.
Satya aplicado a la ética y moral se interpreta como “no decir mentiras” o “ser veraces”. Esto está presente en la mayoría de tradiciones. Cada vez que mentimos, colaboramos con las fuerzas de la mentira en perpetuar la mentira. Por eso, hemos de procurar ser siempre veraces.
Pero ser veraces es mucho más que “no decir mentiras”. Ser veraces es ante todo ser coherentes entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Esta es la palabra clave de satya aplicada a la moral: COHERENCIA.
Es difícil ser coherente porque podemos decir todo lo que pensamos, pero luego a la hora de actuar, no es tan fácil hacer lo que decimos. “Practicar lo que se predica”, eso es coherencia; y creedme, no es nada fácil ser coherente, nada fácil… Yo reconozco que tengo que perfeccionar mucho mi satya, al igual que mi ahimsa. No soy coherente en muchas cosas y mi corazón aún no expresa del todo el amor. Pero este camino de evolución sirve para eso, para perfeccionar nuestras virtudes.
De este modo, si queréis encontrar un buen maestro, fijaos en su ahimsa y en su satya. Que no os impresionen sus palabras, ni su flexibilidad a la hora de hacer asanas, ni su cara de iluminado al meditar. Fijaos en su ahimsa y en su satya; fijaos en cómo expresa el amor y la verdad.
Decía Swami Sivananda, un gran maestro de yoga, que no debemos esperar a dominar un peldaño para pasar al siguiente peldaño del yoga, pues nunca pasaríamos del primero. Hemos de trabajar conjuntamente todos los peldaños del yoga (ética, moral, ejercicios físicos, respiraciones, meditación…). El problema es que a menudo nos creemos que hemos superado e integrado los primeros peldaños. El problema es que la mentira se camufle de virtud e ilusión y olvidemos la importancia de los primeros peldaños del yoga. La mentira triunfa cuando nos creemos que somos virtuosos sin serlo; cuando nos engañamos a nosotros mismos pensando que dominamos el yoga.
El amor, ¡oh el amor!, podría hablar durante horas de esta palabra tan singular. Mucho se ha hablado sobre el amor y muchos han portado su nombre como estandarte. Si bien es cierto que el amor es el tema que más tinta y más lágrimas ha hecho derramar a lo largo de la historia, añadiré un poco más de esa locura con este discurso; aunque eso sí, comenzaré diciendo que hay que hablar menos sobre el amor, y amar más. Vamos a intentar describir el amor desde todos los ángulos posibles, para no perdernos en un solo sentido de este gran concepto. Uno de los grandes problemas para definir el amor, es la limitación de nuestro lenguaje, pues solamente tenemos una palabra para definir muchas cosas. Llamamos amor a cualquier cosa: cariño, deseo, obsesión, dependencia, apego, amor (propiamente dicho)...
Los antiguos griegos tenían tres palabras para definir el amor: eros, philos y agape. Eros era el amor pasional, el enamoramiento. Philos era el amor fraternal, la amistad. Agape era el amor divino, el Amor Universal —ese que se escribe con mayúsculas—. Los esquimales a su vez, en su lenguaje tienen varias decenas de nombres para denominar a los diferentes matices del color blanco. Si solo tuvieran uno, su concepción del mundo que les rodea sería muy limitada. Así nos sucede a nosotros con la palabra amor en la mayoría de idiomas actuales. Cuando decimos «te quiero», estamos diciendo tantas cosas que ni siquiera nosotros sabemos lo que queremos decir; faltan matices, falta vocabulario… Aunque, en la mayoría de los casos, cuando decimos «te quiero», en realidad estamos diciendo «te necesito».
El amor más elemental es el amor que surge entre familiares directos, el amor fraterno. Es cariño, ternura, protección, sentimiento de pertenencia a un círculo de personas. Especialmente cuando un niño es pequeño, surge un vínculo muy profundo con los padres y hermanos, siendo este amor muy importante y decisivo para el posterior desarrollo del niño; es su fuente de nutrición, de seguridad y de supervivencia. Así, dependiendo de la cantidad y calidad de amor que haya recibido, su personalidad quedará definida de una manera u otra.
También está el amor hacia los amigos, llamado amistad. Este es probablemente uno de los amores más puros, pues es, en cierta medida, incondicional. Al buen amigo todo se le perdona y se le comprende y aprecia sea como sea, haga lo que haga, diga lo que diga. En fin, ni que decir hay, que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Es con los amigos con quienes se camina codo con codo a lo largo de los grandes derroteros de la vida. La amistad, en algunos casos, es la más pura expresión del amor. Amigos así no abundan, se pueden tener muchos conocidos o muchos amigos (con minúsculas), pero amigos de verdad, Amigos con mayúsculas, en la mayoría de casos se cuentan con los dedos de las manos.
En otra escala está el tan fogoso amor hacia la amada o el amado. ¡Cómo puedo pretender yo describir tal emoción!, ¡cómo oso intentar plasmar en ridículas palabras el ardor que produce en nuestro corazón la presencia del amado, su tacto al contacto con nuestra piel o su divina silueta a nuestros ojos! Sí, creo que es innecesario describir este estado de enamoramiento; sencillamente, el objeto amado es la razón de ser. Pero en este caso, lo llamaremos amor con minúsculas, pues es una emoción, una pasión; algo que surge de la boca del estomago, no del corazón. En las fases iniciales del enamoramiento solo hay química, pasión, cariño y esperanzas de futuro. Solo vemos nuestro lado bueno reflejado en el otro. Están fusionados el instinto de procreación, la emoción de la afectividad y el pensamiento de estabilizar nuestra vida. Hay una parte animal en nosotros, la del instinto; esa parte inconsciente, y muy necesaria, que nos hace unirnos en parejas con el objetivo de perpetuar la especie.
Mas cuando eso se acaba y continúa la relación, ahí ya hay corazón: hay comprensión, aceptación, tolerancia y colaboración. Lo animal ya está transcendido, y queda lo humano: el amor. Cuando se acaba el querer, empieza el amar.
Es la falta de amor lo que vuelve a los hombres mezquinos; su carencia los lleva a la locura, a la perversión y a la desesperación. Es la falta de amor lo que tuerce al hombre hacia el sendero de la crueldad y la destrucción. El grado de maldad de una persona, podría decirse que es directamente proporcional a la carencia de amor en su corazón. Es la falta de amor una de las causas fundamentales de la infelicidad.
Desgraciadamente, hoy en día —y siempre hasta hoy—, son numerosas las personas carentes de amor; son demasiados los corazones vacíos, los corazones sin consuelo, los corazones cerrados, los corazones anhelantes de recibir pero cerrados a dar. El amor es capaz de llevar luz a la caverna más oscura, pero su ausencia es devastadora; capaz de crear otra era glacial. Hay quienes argumentan incluso que el amor es la fuerza que une a los electrones, a las estrellas y a los planetas; que por amor evolucionan las moléculas y elementos, y que por amor surgió la vida. Es posible, ya que sin duda el amor es una de las fuerzas más poderosas que existen. Vamos a ver ahora de dónde surge el amor, por qué amamos. Desde una visión puramente científica, el amor puede ser una de las mayores estrategias biológicas para perpetuar la especie. Es decir, el amor deriva de los instintos de supervivencia, a modo de perfeccionamiento evolutivo. Para entender esto tenemos que situarnos en los albores de la humanidad. La mujer necesita de nueve meses de gestación para producir un nuevo ser, y durante ese tiempo se vuelve vulnerable y necesita protección. Si el hombre no sintiera amor por su mujer, ¿qué le empujaría a permanecer con ella? Lo mismo sucede cuando nace el bebé, durante varios años es totalmente vulnerable y necesita de todo tipo de cuidados por parte de sus padres. ¿Qué pasaría si los padres no sintieran amor por sus hijos? No habríamos llegado hasta donde estamos. Se puede argumentar que con el instinto basta para criar, al igual que algunos animales, pero me parece insuficiente. Algo similar pasa con la fraternidad y la amistad. El ser humano es más eficiente si trabaja en grupo, si caza en grupo, y tal vez los lazos de amistad surgieron por esa misma estrategia evolutiva que hemos descrito antes. En grupos numerosos, los hombres tuvieron mayores opciones de sobrevivir a las duras condiciones de los inicios. Hoy en día no necesitamos cazar en grupo, ni defendernos de depredadores, pero necesitamos de un grupo de amigos para mantenernos socialmente activos en el mundo, sin caer en la locura y la infelicidad. Zoon politikon, eso es el hombre según Aristóteles, un animal social. Esta hipótesis parece razonable, pero a mi parecer, es insuficiente para explicarlo todo, tiene que haber algo más, pues, ¿de dónde surge el altruismo?, ¿el amor incondicional?, ¿la compasión? ¿Qué estrategia biológica puede tener el ayudar a personas desconocidas sin esperar obtener nada a cambio? Vamos a seguir investigando.
A lo largo de la historia ha habido mucha barbarie, mucha crueldad, mucho egoísmo. Pero también ha habido quienes han predicado bondad, compasión, amor, no ya solo a los seres queridos, sino a todo el género humano. Para que esto sea así, ha de haber algo más que instinto, algo más que genética, algo más que «ciega evolución». Ha de haber algo poético, algo místico, algo divino, algo realmente Humano. Sí, humano, porque lo instintivo es animal. El amor es genuinamente humano, muy humano. El amor es lo que nos hace ser «seres humanos», lo que nos da «humanidad»... Si no poseemos amor, seremos solamente «hombres», animales de dos patas con cierta capacidad de raciocinio. Pero si hay amor en nuestro corazón, eso nos eleva a una categoría superior. Hemos avanzado mucho como Civilización, poseemos leyes que protegen nuestra integridad y nuestra dignidad, pero aun así, una gran parte de la población mundial es torturada, maltratada, desconsiderada.... Millones de personas viven en la pobreza, sufren y padecen grandes injusticias. Sí..., todavía hay sobre la faz de la Tierra más hombres que humanos. El amor ha de provenir de algún lugar más recóndito de nuestro ser, más profundo. El amor, más que un instinto, un sentimiento o una emoción, ha de ser una virtud, algo que proviene directamente de la divinidad. Esto que acabo de decir no tengo forma de demostrarlo, no obstante, lo digo. La compasión, ese tipo de amor sublime, tiene también mucha relación con la sabiduría, ya que sólo comprendemos aquello que hemos vivido en nosotros. Por lo general, tememos, odiamos y repudiamos aquello que no conocemos, pero si lo conocemos, si lo «sabemos», surge en nosotros ese innato impulso por ayudar a los demás; pues vemos nuestro dolor reflejado en el otro, y a consecuencia de esto, de esta comprensión, surge ese afán de colaboración. Este tal vez sea otro de los mecanismos del amor, de la compasión. En resumen, podemos decir que hay tres tipos de amores:
El que proviene del instinto.
El que proviene de las emociones.
El que proviene del corazón (no del músculo, sino de lo más profundo y divino de nuestro ser).
Por lo general instintos y emociones están muy ligados, y es difícil separarlos. Por ejemplo, conocemos a una persona que nos atrae físicamente. Se activa en nosotros el instinto de procreación que pone en marcha el deseo de poseer dicha persona. Con un poco de roce —el dicho «el roce hace el cariño» es muy acertado—, surgen emociones de afecto, de ternura, de apego..., al igual que una proyección en el futuro con esa persona (después de un tanteo inicial, si vemos varias cualidades positivas, nos planteamos un proyecto de vida común con dicha persona, es decir, emparejarnos). Después, serán las experiencias compartidas y el desarrollo de nuestras emociones lo que forjará esos lazos de amor. Lo que quiero hacer notar con esto, es que hay muchos factores que intervienen en las relaciones. Hay instintos subconscientes que mueven los hilos en nosotros, hay emociones que se van tejiendo así como un gran factor mental a modo de proyecciones, idealizaciones e ilusiones. Pero este tipo de amor siempre suele ser egoísta, en el sentido de que esperamos algo a cambio de algo. El Amor con mayúsculas, que algunos relacionan con amor al Creador o con amor al prójimo, es en cierta medida inegoista, y a mucha gente le cuesta ya no sólo entenderlo, sino desarrollarlo. «Hay que amar», nos dicen. Sí, pero ¿cómo se ama si el amor no surge en nosotros? Porque el amor, o surge o no surge; o nos enamoramos o no nos enamoramos. Es fácil amar a tus padres, a tus hijos, a tu pareja y a tus amigos, pero no lo es tanto amar a los desconocidos. Es fácil enamorarse de una persona atractiva y bella, pero no lo es tanto de otra con cualidades menos deseables. «¡Amarás al Señor tu Dios por encima de todas las cosas!», reza el primero de los diez mandamientos de la Tradición Judeocristiana. «¡Ama a los demás como a ti mismo!», decía Jesucristo. Pero, ¿cómo se ama lo que no se conoce? ¿cómo vamos a amar a los demás si apenas nos amamos a nosotros mismos? No ama el que quiere sino el que puede. Amar requiere de un gran trabajo interior, que empieza por nosotros mismos. Tenemos que aprender a respetarnos, a conocer nuestros límites, a aceptarnos como somos..., en definitiva, a amarnos a nosotros mismos. ¿Cómo amar a Dios, si no lo conocemos? No basta sólo con que nos digan «tienes que amar a Dios», porque no lo vamos a hacer, y si lo hacemos es por temor a las represalias o por el deseo de conseguir recompensas. ¿Qué niño puede amar a un padre que no conoce? Esto también requiere de un trabajo interior, de un trabajo de autoconocimiento, de hallar la divinidad dentro de nosotros. Se puede abrazar una fe, una religión, pero si no hay una percepción directa de algo, una experiencia mística que nos redima..., más que amor verdadero habrá obediencia, costumbre, ritual, creencia.
Tal vez Dios sea amor puro; tal vez Dios se manifieste en nosotros a través del amor, o el amor a través de Dios... Eso habrá que descubrirlo. Muchos lo dicen sí, pero insisto, hay que saberlo para que surja en nosotros algo genuino. Tenemos que comprender, que encontrar en nosotros, que experimentar de primera mano que hay un Creador cuya expresión es el Amor, que no hay separación, que no hay amigos o enemigos, que todos los seres viajamos en el mismo barco, en la misma nave espacial llamada Tierra, y que lo que es bueno para uno, es bueno para todos. Tenemos que reconocer que todos somos una esencia perfecta emanada de la misma fuente. Cuando hay amor, el odio, la separatividad y la competencia se ven truncados por bondad, unidad y colaboración. Nos vemos reflejados en el otro, y al otro en nosotros. Hay comprensión, aceptación, tolerancia y colaboración. Este es el Amor del que han hablado todos los grandes Maestros de la historia. Este es el amor que surge del alma, de la esencia de nuestro ser; ni es instinto, ni emoción ni pensamiento; simplemente sale del corazón y vuelve al corazón. Este es el ágape, y ser poseedor de él no significa que ya no tengamos a philos ni a eros. Al contrario, seguiremos teniéndolos, pero podemos diferenciarlos y disfrutar de ellos tres, sin tener esa confusión mental y emocional que teníamos hasta ahora. Esto es lo que el mundo necesita para ser un lugar mejor: amor. Más agape, más philos, más eros. Mas compasión, más amistad, más ternura. No importa cómo, ni con quién, ni dónde, ni cuándo..., más amor es lo que hace falta; sublimar ese amor, descubrir las potencialidades del amor; ascender en la escala del amor, del primer peldaño al último. Amar más en definitiva. Así concluyo este discurso, al igual que lo he comenzado, indicando la necesidad de hablar menos sobre el amor, y de amar más, porque al final, las palabras son solo palabras, se las lleva el viento, y siempre se corre el riesgo de hablar en exceso o de no definir con suficiente precisión los conceptos. En cambio el amor..., el amor se hace carne, el amor se convierte en obras, el amor se escribe en piedra. Allí donde hay amor, hay sabiduría; donde hay sabiduría hay unidad; donde hay unidad hay plenitud.
Fragmento del libro "El Uno sin segundo", de Gopal. 4ª lección del curso de yoga para intermedios: YAMA (Ahimsa - Amor):