El arte de la relajación
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Nueva edición digital de *El arte de la relajación*.
Edición revisada y publicada en Zenodo con licencia Creative Commons
BY-ND-NC 4.0.
Puedes leerla a...
OM MANTRA - Meaning and how to sing it
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*Om is the best known, representative and important mantra of yoga, and
singing should not be lacking in any individual yoga class or practice.*
*THEORY*
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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.
Os dejo la grabación de la conferencia que di el otro día en DURGA MA YOGA ESKOLA, titulada: "LA PRÁCTICA DEL YOGA: HACIA LA SALUD, LA FELICIDAD Y LA ESPIRITUALIDAD".
Desde aquí sólo me queda agradecer una vez más a Leire Jauregi (Asha) por haberme abierto las puertas de su escuela para dar esa charla, y recomendar personalmente su centro para todos aquellos que busquen una escuela de yoga de calidad por la zona de Urretxu. Para más información podeís visitar su blog http://durgamayoga.blogspot.com.es/
El otro día la batería del coche me dio una lección; lección que ya sabía, pero que se me olvida con cierta frecuencia. Tenía aparcado el coche en el centro de Bilbao, y en hora y media tenía que estar en San Sebastián para entrar a trabajar, y entre medio hacer unos recados. No hacía ni un mes que había cambiado de coche, ya que mi antiguo vehículo, con más de 320.000 kilómetros sobre sus ruedas necesitaba un merecido descanso. Cual fue mi sorpresa al accionar el contacto y no poder arrancar el coche.
Un coche semi nuevo, en perfecto estado, con todo a punto... Volví a accionar la llave; el motor mudo, sin ninguna intención de arrancar. Me quedé sentado unos segundos, paralizado. Volví a intentarlo, nada; la batería estaba muerta. Sabía que era la batería por los síntomas. Salí del coche maldiciendo.
Abrí el capó, miré el motor, revisé los bornes de la batería, le di cuatro golpes por si volvía a la vida como si de una RCP se tratase. Nada. Cogí las herramientas que tengo en el maletero, apreté dos tuercas. Nada. Clamé al cielo y le pedí ayuda a Dios. Nada. Estuve tentado hasta de hacerle reiki a la batería, que en algún sitio había leído que se puede cargar una batería con reiki (menuda estupidez). Nada. Volví a insistir; volví a accionar la llave de contacto. Nada. Resignación absoluta.
No tenía ni un minuto más que perder, así que me decidí a pedir ayuda. Caí en la cuenta de que nada podía hacer por mí mismo para arrancar el coche; ni con todo mi conocimiento, ni con todo el poder de mi cuerpo físico, ni con todo el deseo por arrancarlo podría hacer nada más. Cogí el teléfono y llamé a mi seguro. 20 minutos después apareció la grúa que había pedido. Nada más bajarse el técnico le dije que casi con total seguridad no arrancaba porque (por algún motivo que desconozco) se había descargado la batería. Le puso las pinzas a la batería y 30 segundos después el coche estaba en marcha. Aquella mañana conseguí hacer los recados pendientes y llegar puntual al trabajo.
¿Qué es pedir ayuda? ¿Cuándo hay que pedirla? ¿Por qué nos cuesta tanto pedirla? Pedir ayuda significa que nosotros no somos capaces de hacer o de solucionar algo por nosotros mismos, y ese hecho hiere a nuestro orgullo, a nuestro ego que se resiente por no ser infalible. «Si yo no puedo, nadie puede», piensa; o «ya se arreglará solo, con el tiempo». Esas son las dos frases favoritas del ego herido.
Primero hago todo lo que puedo, todo lo que está en mi mano. Tampoco hay que abusar a la hora de pedir ayuda, ya que también hay gente que tiene mucha facilidad para pedirla, pues por comodidad prefiere que los demás le solucionen los problemas; pero no, primero hacemos todo lo que podemos, todo lo que está en nuestra mano. Si vemos que por nosotros mismos no podemos solucionar el problema, es momento de tomar consciencia de este hecho y pedir ayuda. Pedir ayuda no significa que seamos débiles o que seamos unos fracasados. Pedir ayuda forma parte de la naturaleza humana, es más, es un acto de humildad que nos hace ser conscientes de nuestras limitaciones y nos engrandece en cierta medida.
Si aquella mañana no hubiera pedido ayuda, jamás habría podido encender el coche por mí mismo, y el tiempo no carga una batería por sí sola. De no haberlo hecho habría llegado tarde al trabajo y quizá ese hecho pudiera bastar para perderlo. De igual manera, hay mucha gente que está enferma y no es capaz de pedir ayuda. Hay gente que tiene problemas y no es capaz de pedir ayuda. En algunos casos, uno puede perder más que un trabajo, puede perder la vida por no dejarse ayudar.
Pedir ayuda tampoco significa delegar en otra persona nuestro problema, significa lo antes dicho, poner todo de nuestra parte y que otra u otras personas añadan ese extra que permita que la solución se de.
¿Quién puede ayudar? No ayuda el que quiere, sino el que puede. Los profesionales en la materia son los más adecuados para según que tipo de ayuda. Si se estropea el coche no vamos a llamar a un cirujano, llamaremos a un mecánico. Si estamos enfermos, habrá que contar con algún profesional médico. Si necesitamos de ayuda del orden emocional o mental, un buen psicólogo o un buen amigo que nos escuche será lo que necesitemos.
A veces la ayuda puede ser ínfima pero suficiente para solucionar un problema; otras hará falta mucha ayuda. Pero hay que pedirla explícitamente; esto es muy importante, pedirla. Muchas veces damos por supuesto que los demás saben que necesitamos ayuda, y como no nos ayudan, nos enfadamos con ellos. «Deberías haber sabido, deberías haberte dado cuenta que estaba mal», les reprochamos. ¿Pero acaso les hemos pedido ayuda?
Hay que pedir cuando uno lo necesita. Pedir y alguien os ayudará, ya sea un alma caritativa o un buen profesional que os cobre por sus servicios. Pero lo que está clarísimo es que «no hacer nada» no ayudará a nadie, a no ser que no hacer nada sea lo más conveniente en dicha circunstancia (cosa rara pero posible, y que hay que saber discernir muy bien).
Mucha gente se acerca a la práctica del yoga con el objetivo de aprender a relajarse. El estrés es algo tan común hoy en día que todos, en mayor o menor medida, lo padecemos. El estrés puede definirse de muchas maneras, pero ante todo es tensión; tensión física y psíquica. Su remedio: la relajación.
Todo el mundo quiere aprender a relajarse sin necesidad de irse a un lugar idílico; podemos hacerlo en nuestras propias casas, pero ese aprendizaje requiere de práctica, de tiempo y de técnica. Aprender a relajarse es sin duda una gran inversión que podemos hacer en nosotros mismos, ya que nos ayudará a lididar con el estrés y a poseer una poderosa herramienta que nos permita obtener una mayor calidad de vida.
Para profundizar en este tema puedes escuchar este podcast y ver este vídeo, que te darán las nociones generales para iniciarte en la práctica de la relajación.
Feliz aprendizaje y práctica. No dudes en consultarme cualquier duda o dificultad que puedas tener.
Inauguramos hoy esta nueva modalidad de transmitir el conocimiento del yoga, a través de podcast o archivos de audio en MP3 para que puedas escucharlos desde un reproductor o teléfono móvil, en cualquier momento del día.
Utilizaremos la plataforma IVOOX para colgar los audios, así como para que podáis suscribiros al canal RSS para estar al día con todas las actualizaciones. Para empezar tenéis un primer audio de 46 minutos en el que se explica qué es el yoga, su historia y evolución así como una descripción general del raja yoga de Patanjali. De este modo ya disponemos de tres modos de difusión: escrito (posts), en video (Youtube) y ahora en audio (podcast).
¿Qué es lo que queremos conseguir en esta vida? ¿Cuál es nuestra aspiración? ¿Qué nos empuja a emprender acciones para mejorar? ¿Qué es lo que buscamos?
Ya os lo digo yo: la felicidad.
Todos los seres humanos (salvo algún depravado, que también los hay), lo sepamos o no, tratamos de dirigir el barco de nuestra vida hacia un puerto llamado felicidad. Otra cosa es que lo consigamos o no, pero esa es la aspiración material del ser humano. Otro día ya hablaremos de la meta del alma, que es la Realización.
Así, todas nuestras acciones llevan como aspiración el ser felices algún día. Por eso buscamos un oficio, un empleo, un hogar, una pareja, una familia, unas amistades, unas comodidades materiales..., para intentar ser felices; y digo "intentar" expresamente.
El deseo impulsa nuestras acciones, y nos hace apegarnos y buscar aquellas situaciones que nos producen bienestar, y nos hace alejarnos de aquellas que nos producen dolor e inseguridad. El deseo no es malo, siempre y cuando esté bien dirigido y no condicione nuestra mente.
En esta sociedad de consumo en la que vivimos, totalmente superficial, y manipulada hasta el extremo por las élites que dirigen el mundo, lo que impera es la ley del deseo. Perseguimos el objeto de nuestro deseo, cual conejos tras una zanahoria, ciegos y alentados por los demagogos que impulsan nuestra acción.
Constantemente nos bombardean a través de los medios de comunicación con mensajes subliminales y no tan subliminales, que unidos a la inherente naturaleza pasional del ser humano, hacen que nuestra vida sólo tenga sentido si conseguimos bienes materiales y afectivos, acorde a los cánones de la sociedad. Sólo soy feliz si tengo; sólo estoy bien si consigo satisfacer mis deseos. He aquí la trampa; he aquí el camino directo hacia la infelicidad.
Un deseo sólo tiene tres salidas posibles:
1. Que sea satisfecho.
2. Que sea parcialmente satisfecho.
3. Que no sea satisfecho.
En el primer caso logramos una "felicidad transitoria", un estado de euforia y satisfacción, que pronto se ve apagado, pues la naturaleza del deseo es desear; y cuando un deseo es satisfecho, este se reemplaza por otro. Si deseaba un deportivo rojo, y lo consigo, al poco tiempo comenzaré a desear un barco amarrado en el puerto. Si deseo un piso, y lo consigo, al poco desearé una casa en el campo. "Y hasta que no lo consiga no seré feliz"; y de hecho, por esta vía nunca seremos felices, pues siempre habrá algún deseo que satisfacer.
Si el deseo es parcialmente satisfecho, queda un sabor agridulce: "Bueno, podría ser mejor...". "Sí, no está mal...". "Quería un deportivo rojo, pero he conseguido un utilitario azul". "Quería un piso de propiedad, pero sólo he logrado un piso de alquiler". "Quería la pareja perfecta... pero...". El camino de los deseos parcialmente satisfechos lleva directo a la insatisfacción.
Y por último, están los deseos no satisfechos, en los cuales no conseguimos nada de aquello que deseamos, y por consiguiente, surge la frustración.
Esto es lo que nos vende la sociedad: deseos, deseos y deseos... "Y sólo serás feliz cuando obtengas lo que deseas". ¿Veis dónde lleva el camino del deseo? En los tres casos, inexorablemente, lleva hacia el sufrimiento.
¿Cómo ser felices entonces? ¿Qué hacer para hallar la tan ansiada felicidad? Vivir el momento presente. Desear lo que la vida te ofrece en cada momento, esa es la clave. No lo que te gustaría, sino lo que la vida te va poniendo delante en cada momento. ¿No te gusta? Pues se inteligente, domina tu deseo, y haz que te guste. Eso no significa que haya que ser conformista y no luchar por algo mejor, en absoluto; simplemente se trata de vivir con la menor insatisfacción y frustración posibles, y para ello es imprescindible dominar nuestro deseo en cierta medida.
¿Cual es el requisito imprescindible para lograr esto? La paz interior. Allí donde hay paz interna, las mareas del deseo no tienen poder. La paz interior nos permite tomar las riendas de nuestra vida, el timón de nuestro barco, y dirigirlo hacia el puerto de la felicidad, no sin pasar adversidades, que nadie se engañe. No es fácil este camino. Después de la paz interior, ha de venir la claridad mental, ese estado de visión transcendente que hace ver las cosas en su conjunto, y darle a cada cuestión la importancia que merece.
¿Cómo lograr paz interior?Hay muchas formas, pero evidentemente voy a recomendar la práctica del yoga. El yoga nos permite construir los cimientos para que esa paz se de, y posteriormente se pueda asentar esa claridad mental, ese discernimiento que será la clave para llegar a esa tan deseada meta llamada felicidad.
"Cuando los Dioses quieren castigar a los hombres, les conceden todos sus deseos" Rig Veda
El otro día cogí una receta por Internet para hacer una tarta de queso. Conseguí todos los ingredientes y me puse a hacerla; la dificultad llego en la parte en que tocaba montar la nata y no había caído en la cuenta de que no tenía batidora eléctrica. Así que cogí un tenedor y me puse a batirla a mano.
Pasaban los minutos y todo seguía igual: la nata líquida en el bol sin un pequeño indicio de montarse. Seguí batiendo con fuerza, porque sabía de oídas que la nata se montaba así, batiéndola, pero a medida que pasaban los minutos mis manos y antebrazos se iban cansando y la duda comenzaba a fraguar en mí. “!Esto es imposible, la nata no se puede montar así!”, pensé; pero tengo que montarla porque si no tendré que tirar todos los demás ingredientes y quedarme sin tarta de queso.
Pasaron más minutos, sentía dolor físico acuciado en manos y antebrazos, la duda, el pesimismo y la desesperación ya campaban a sus anchas por todo mi ser. “Me han engañado, la nata no se puede montar con un tenedor”, pensaba, pero mi voluntad y mi fe en que lo lograría me hicieron no desistir y seguir adelante, a pesar de no haber ni un sólo indicio de que la nata se estuviera montando.
Seguí y seguí... Pasados algo más de diez minutos, ¡oh, milagro!, la nata se empezó a montar y apenas un minuto después de ese hecho ya estaba totalmente montada. Una sonrisa de satisfacción borró el dolor de mi mano, continué haciendo la tarta y después me la comí. Deliciosa.
Lección de la nata:
Si queremos que se transforme, de líquida a sólida (un cambio a mejor), tenemos que trabajarla el tiempo necesario. No hay magia, sólo ciencia. La nata se monta debido a que al batirla, las moléculas de grasa se combinan con el aire en una reacción química y aumenta el volumen varias veces, dándole ese aspecto y esa textura característica de la nata montada. Eso requiere tiempo y trabajo; no hay más secretos. Si no la batimos con la suficiente intensidad o el suficiente tiempo, no se monta. Vamos a suponer que la nata necesita 12 minutos de batido ininterrumpido a unas revoluciones moderadas. Si estamos menos tiempo no se monta. Si batimos a menos revoluciones no se monta. Si batimos a las revoluciones adecuadas durante 10 minutos, nos cansamos, y al cabo de otros diez minutos batimos 2 minutos más, no se monta.
¿Qué tiene que ver esto con el yoga? Pues lo mismo: el yoga nos transforma. El yoga transforma nuestro cuerpo y nuestra psique (para bien) con una práctica constante y con tiempo. Hay gente que comienza la practica y se cansa pronto; hay gente que practica un tiempo pero no con la suficiente intensidad; hay gente que desiste justo un poco antes de que “comience a montarse la nata”. Después, toda esta gente dice que el yoga no funciona, que sus beneficios son una mentira o algo inventado. Lo mismo sucede con la meditación, nos sentamos durante días, meses o años a meditar y nada pasa, todo sigue igual que siempre, la “nata sigue líquida en el recipiente”, entonces desistimos y decimos que no funciona. Hay que seguir siempre hasta el final, pues cada ingrediente de la vida, tienen un punto diferente de “montado”.
Hemos dicho que todo proceso de montado requiere de trabajo y de tiempo, de esfuerzo y de paciencia, pero también hace falta otro ingrediente: fe. Fe en que se va a transformar, fe en que va a suceder, fe en el éxito. Los cinco sentidos no nos dan ningún indicio, la lógica dice que nada tiene por que pasar, pero sin embargo los sabios nos han dicho que sí que pasa, que la nata líquida se transforma en sólida, dando un sabor mucho mayor a la materia. A veces les creemos, a veces no.
Los cocineros, los chefs y los que alguna vez han montado la nata con un tenedor nos dicen que es posible hacerlo. Los maestros nos dicen que la práctica del yoga transforma al hombre. Si tenemos el conocimiento de esto, sólo nos falta incorporarle el deseo y la acción.
Primero se necesita el conocimiento, de que algo se puede hacer, después viene el deseo y la voluntad de hacerlo; pero eso no se materializa hasta que la acción, aliada con otro ingrediente fundamental, el tiempo, logran realizarlo.
Decía Vivekananda, un gran maestro de yoga, que "12 segundos de concentración llevan a la meditación". Mantener 12 segundos la concentración es 12 veces más difícil que batir la nata 12 minutos seguidos con un tenedor, pero el proceso de transformación es el mismo.
Conocimiento, deseo, acción y tiempo, nada más necesitas para montar la nata...
Hoy vamos a aprender una nueva técnica de respiración, la denominada "respiración cuadrada" (samavritti pranayama). Es una técnica sencilla y poderosa para equilibrar y calmar la mente, así como para oxigenar el cuerpo y potenciar la musculatura respiratoria.
En un post anterior hablamos sobre las 4 fases de la respiración; la respiración cuadrada trata de equilibrar esas cuatro fases haciendo una respiración completa con una duración igual en cada fase. Esto se ilustra mejor con una imagen:
Ejecución: 1- Nos sentamos con la espalda erguida en una postura de pranayama o de meditación. Puedes ver en el siguiente vídeo las diferentes posturas que existen y elegir la que más te convenga. 2- Una vez estamos cómodos en la postura, cerramos los ojos y respiramos de forma amplia un par de minutos, sin forzar y sin preocuparnos demasiado por la técnica. 3- Comenzamos a hacer la respiración cuadrada. Inspiramos contando mentalmente hasta 3, retenemos el aire con los pulmones llenos contando hasta 3, espiramos contando hasta 3, retenemos con los pulmones vacíos contando hasta 3 y volvemos a repetir el ciclo sin interrumpirlo. Podemos empezar haciéndolo 4 veces e ir aumentando con el tiempo. Es muy importante mantener el mismo tiempo para las 4 fases de la respiración. Si ves que al terminar un ciclo sientes la urgencia de parar y respirar amplio, es que has forzado, reduce el tiempo en cada fase. Para principiantes, el cuadrado más sencillo es 2x2x2x2, es decir, 2 segundos por cada fase. Puedes ampliar la proporción cada dos semanas o cuando veas que puedes hacerlo sin forzar, de la siguiente forma:
3x3x3x3
4x4x4x4
5x5x5x5
6x6x6x6 ....
Pero recuerda, las 4 fases siempre iguales, si una es diferente ya no hay cuadrado. El cuadrado es el símbolo del equilibrio (4 lados y 4 ángulos identicos).
¡Un truco para contar los tiempos!: Mentalmente cuenta con la sílaba Om delante del número. Om uno, Om dos, Om tres... Om uno, Om dos, Om tres... Om uno, Om dos, Om tres...
Observaciones:
- Respiramos siempre por la nariz y concentrados en lo que hacemos.
- La inspiración la hacemos utilizando la técnica de la respiración completa, puedes recordar como se hace en el siguiente vídeo:
Beneficios:
La palabra clave de esta técnica es equilibrio, tal como hemos dicho antes al hablar sobre el cuadrado. Equilibrio del sistema nervioso, equilibrio de la mente, calma y paz, más el añadido de oxigenar la sangre y potenciar la concentración. Sí, al contar mentalmente los tiempos, aparte de igualar las fases de la respiración, estamos trabajando la concentración de la mente, ya que si nos distraemos, perdemos el hilo y rompemos el cuadrado.
Practícala unos minutos dos o tres veces por semana; empieza con cuadrados fáciles y auméntalos a medida que vayan aumentando tus capacidades. Verás como esta técnica sencilla te sienta de maravilla. El siguiente vídeo resume todo lo dicho en este artículo y en él enseño cómo hacer correctamente el ejercicio:
Una vez aprendas y practiques esta respiración, puedes probar con la respiración ritmada (Visama vritti pranayama). Gopal
¿Por qué practicar yoga? ¿Qué nos puede ofrecer el yoga que no nos ofrezca otra cosa? En este post me toca vender el yoga (ya lo venía haciendo desde el principio) más descaradamente.
Hoy en día existe un amplio mercado de actividades físicas o lúdicas al alcance de todos. En cada ciudad y en cada pueblo tenemos donde elegir: gimnasios, polideportivos con mil actividades dirigidas (spining, aerobic, pesas, cintas para correr, bicicletas estáticas...), piscinas para nadar, canchas de tenis o padel, escuelas de yoga, de tai chi, de pilates, meditación, zen, mindfulnes, artes marciales (aikido, karate, judo, taekwondo...), y más cosas que ahora no me vienen a la cabeza. Todo esto lo podemos realizar pagando desde unas modestas cuotas si realizamos la actividad en cuestión en una asociación de vecinos o algo más elevadas e incluso hasta caras en un gimnasio o escuela de prestigio.
Vuelvo a la pregunta inicial, ¿por qué yoga?, ¿por qué elegir el yoga como nuestra actividad entre todas las demás? De aquí sin duda surge la siguiente cuestión, que todo buen vendedor haría: ¿Qué puede ofrecerte el yoga que no te ofrezca otra cosa? ¿En qué marca el yoga la diferencia?
¿Forma física? Ayer fui al gimnasio a hacer pesas (hacía tiempo que no iba) y hoy tengo unas agujetas como si me hubiera pasado un camión por encima; eso sí, si hago pesas durante dos meses seguidos, dos días a la semana, consigo un cuerpo físico que no conseguiría ni haciendo yoga cinco años seguidos.
¿Respiración y salud cardiovascular? Salir a correr, andar en bici o nadar produce más beneficios y en menor tiempo que sesiones intensas de yoga.
¿Relajación? Sí, pero también me relajo bastante tumbado en el sofá viendo una película con una cerveza en la mano (a lo Homer Simpson).
¿Concentración mental? Aquí sí que el yoga podría destacar, pero no más que el tai chi o el zen.
¿Entonces, si el yoga no destaca en nada, por qué practicarlo? Tal vez porque el yoga trabaja todas esas cosas a la vez, no destaca en nada pero tampoco se deja nada. Los yoguis suelen ser personas con cualidades medias en todos los sentidos, y eso, a mi parecer, es más valioso que destacar en algo y tener carencias en otra cosa.
Por cierto, este es mi artículo número 100 en este blog, y si le echáis un vistazo, he escrito casi de todos los temas. El yoga me permite hacer esto, porque el yoga en cierta medida trata de la vida en todos sus aspectos.
Pero, por si aún no os he convencido, hay más. Hay un tesoro escondido en cada uno de nosotros. Un tesoro olvidado y remotamente inaccesible. Un tesoro fuente de dicha, prosperidad y de sentido.
El yoga hace tres cosas:
-Decirte que existe ese tesoro y hacerte consciente de la necesidad de encontrarlo. Eso es deseo (Iccha). -Señalarte en el mapa donde está ese tesoro. El mundo es muy grande, al igual que nuestro interior, y sin la X que marque al centímetro la ubicación exacta de ese tesoro, nuestra búsqueda sería en vano. Eso es conocimiento (jñana). -Ofrecerte las herramientas para poder desenterrar ese tesoro. Todas las técnicas de yoga (asanas, pranayama, relajación, concentración) tienen esa finalidad, permitirnos de forma óptima desenterrar ese tesoro. Eso es acción (kriya).
Conocimiento, deseo, acción y su síntesis (el yoga); eso es lo que ofrece el yoga, el trabajo de esos aspectos de nuestro ser para llegar a ese tesoro.
Por todos estos motivos, me quedo con el yoga. Podría haber sido profesor de tai chi, pilates, stretching, cultrismo o zumba, pero me quedo con el yoga. ¡Pero ojo, no de cualquier yoga! Hay yogas y yogas; hay profesores y profesores.
Y esto quiero recalcarlo en este artículo de venta. Soy comercial y no voy a favorecer a otros o generar la falsa idea de que el yoga es bueno y necesario sólo por el hecho de llamarse yoga. El yoga que yo vendo es del que hablo. El yoga que trata de buscar el tesoro, el yoga que fomenta el conocimiento, el deseo y la acción; el yoga que en una clase trata la teoría, la respiración, el ejercicio físico, la relajación, la concentración y la meditación; el yoga que no se va por los mundos de Yupi con el hinduismo y la New Age. Si no es así, mejor apuntate a aerobic o a spining.
Mi recomendación personal es que, como propósito de este año, si no lo has hecho ya, te apuntes a una escuela de yoga; pero antes haz una clase de prueba, entrevístate con el profesor y si no te convence, busca a otro. Si no, siempre te queda la opción de practicar yoga conmigo en la distancia y a través de la fuerza de tu voluntad. Insisto, hay yogas y yogas, y profesores y profesores.
¿Por qué soy profesor de yoga y no de otra cosa? Tal vez por amor.
“Tal vez el amor sea el proceso por el cual yo te conduzca delicadamente de regreso a ti mismo” Antoine de Saint-Exupéry
El presente, sin duda alguna, es uno de los principios más importantes del Universo. El presente, como su nombre indica, es un regalo, un don, una dádiva. El presente es tal vez el único tiempo que existe, a pesar de que el pasado y el futuro formen una tríada con él.
Pocos son los hombres que entienden el tiempo en el que viven. Sí, suena paradójico, pero casi ninguno de nosotros tiene conciencia plena del tiempo actual. Si vamos a una librería veremos que abundan los libros históricos, o los situados en otras épocas, reales o ficticias, tanto del pasado como hipotéticas del futuro, o incluso paralelas. Pocos hablan del tiempo presente. La historia se entiende sólo una vez que ha pasado; pocos son los que la entienden mientras está pasando. Algún día se hablará sobre nosotros y sobre nuestro tiempo, y posiblemente los que lo estudien lo entenderán mejor que nosotros, debido a esa perspectiva cristalizada que otorga el pretérito perfecto.
Nosotros estamos haciendo historia ahora, pues somos los que vivimos en este momento actual. ¿Pero es cierto esto que acabo de decir? ¿Napoleón vivió en el pasado? ¿César logró sus gestas en un tiempo lejano? ¿Las pirámides se erigieron hace milenios? ¿Nuestros ancestros vivieron y murieron en épocas remotas? ¿Las guerras mundiales quedaron ancladas en el siglo XX? ¿Todo eso sucedió en el pasado? ¿O está sucediendo ahora, en una sucesión infinita de presentes? ¿Dónde estaba la conciencia de aquellos que experimentaron el pasado? En el presente... La conciencia sólo tiene un tiempo: el presente.
El pasado sólo tiene lugar en la memoria. Pero el hecho intelectivo de ser conscientes del pasado sucede en el presente. Todo es presente. ¿Y el futuro? El futuro visto desde el presente es una proyección hipotética. El futuro no tiene ninguna base real más que en nuestra fantasía o en nuestras proyecciones lógicas. Pero eso que llamamos futuro, cuando llegue, ya no será futuro, sino presente. Todo es presente. La conciencia sólo puede funcionar en el presente, aunque recuerde el pasado y planee o imagine el futuro. Estamos anclados en el presente, en el «eterno ahora».
El presente es una sucesión infinita de «ahoras», una cadena deslizante de eslabones, que a pesar de que se muevan en el avance inexorable del tiempo, permanecen siempre en el mismo lugar, en el pedestal del ahora, en el reino del presente. Pero, ¿qué determina el presente? El hecho de ser consciente de él. Es la conciencia, cuya sede es siempre «este momento», la que con su «conciencia» crea el sentido de presente. El presente es posible gracias a la consciencia; si no hubiera ni un sólo ser en todo el Universo que fuese consciente del momento presente, el Universo probablemente no existiría.
El objetivo del Yoga es el de anclar la conciencia al momento presente a cada instante. La mente cuando piensa se aleja del presente. Cuando recordamos, o hacemos el acto intelectivo de recordar, nuestra conciencia arrastrada por la mente se aleja del presente. Igualmente cuando imaginamos, planeamos, proyectamos, fantaseamos en un futuro hipotético, nuestra conciencia, arrastrada por esa oleada de pensamiento, se desliga del ahora. ¿Qué sucede entonces? Que se nos pasa la vida pensando otra cosa, mientras la vida pasa. ¿No estas de acuerdo con esto que he dicho? Te pongo un ejemplo, a ver si te resulta familiar: No nos gusta nuestro trabajo y nos evadimos durante 8 horas al día, fantaseando y deseando que pase el tiempo. Cuando llegamos a casa, ponemos la televisión mientras comemos, y apenas saboreamos la comida. Después pensamos, pensamos y pensamos... Hacemos actividades cotidianas pero no estamos plenamente en ellas. Practicamos Yoga, adoptamos una postura y la mantenemos varios minutos, pero nuestra mente se va a pensar, se va, se va... Se va al pasado a través de la memoria; viaja al futuro a lomos de la fantasía. Somos incapaces de estar presentes, somos incapaces de fundirnos en el presente. Después dromimos, abrazados por nuestra amante, la inconsciencia, aquella que consume un tercio de nuestra efímera vida. Cuando nos damos cuenta, los días se suceden como un galope trepidante y podemos divisar en el horizonte la amenaza de un final. Tratamos de buscar solución a esto, tratamos de algún modo de llenar ese vacío, esa sensación de dolor. Es entonces (si no lo hemos hecho antes ya) cuando buscamos consuelo en el alcohol, en las drogas, en el sexo, en las emociones fuertes. Vamos al cine, corremos una maratón, nos tiramos en paracaídas, hacemos deportes de contacto y desafiamos la muerte y la Ley poniendo la aguja del velocímetro de nuestro coche en números rojos. ¿Por qué? ¿Para qué? Para dejar de pensar y estar en el presente, para que nuestra conciencia, por fin libre de los grilletes de la mente nos permita fundirnos en el «eterno ahora». Lo sepamos o no, inconscientemente lo que buscamos son actividades placenteras que nos hagan huir del dolor que produce la desalineación del presente. ¿Por qué enganchan las drogas? ¿Por qué es tan placentero el sexo y tratamos de buscarlo en todo momento? Porque esas actividades nos sumen, por breves momentos, en la enorme paz que otorga la vivencia plena del presente.
Una sesión de Yoga persigue este fin: persigue en todo momento vivir el presente, disfrutar del presente, aprehender el presente. Hago la misma sesión de siempre, o casi la misma, después de años de práctica, pero como decía el filósofo griego Hipócrates, nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, pues a cada segundo ya no están las mismas moléculas de agua, que son reemplazadas constantemente por otras; y nadie puede hacer dos veces la misma asana, pues la vivencia del presente en cada instante la hace única. La asana, el pranayama, la relajación, la meditación, la técnica..., es sólo una excusa para mantener la mente en el ahora, todo lo demás es secundario.
¿Qué son todas las técnicas de Yoga? Excusas, pretextos para mantener la mente anclada en el momento presente, y que esa vivencia plena de lo que hay en cada momento, afloje la angustia, la ansiedad, la preocupación, la tribulación y el sufrimiento que provoca la mente con sus fluctuaciones. Ante una conciencia anclada en el presente, la mente se doblega y produce silencio, el más preciado de los sonidos. Ante una conciencia anclada en el presente, las emociones se calman y segregan la paz interior, la más excelsa de las ambrosías.
Pero la sesión de Yoga es sólo el germen. Con la práctica, ese centramiento se va extrapolando hacia toda la esfera de nuestra vida. Cuando voy a trabajar, disfruto de mi trabajo, pongo toda mi atención en él, y esa atención me sume en el presente llenándome de paz y de dicha. Cuando como, como y cuando medito, medito. Cuando estoy con mis seres queridos, estoy con ellos, presente en cuerpo y alma. Todo lo que hago lo impregno de presente, de conciencia, de atención plena, de mindfulness. No necesito de drogas ni de agentes externos que me hagan sentir bien, me libero del yugo de esclavo y me convierto en el capitán de mi barco, en el dueño y señor de mi vida.
Pero, ¿entonces no hay que pensar nunca?, ¿no hay que recordar nunca?, ¿no hay que fantasear y evadirse nunca? Por supuesto que sí, cuando toque hacer eso. Podemos dedicar unos minutos, o incluso horas a recordar y a fantasear, pero desde el presente. Cuando estoy comiendo, saboreo la comida, no pienso en otra cosa. Cuando estoy hablando con alguien le escucho, y no pienso en otra cosa. Cuando estoy trabajando trabajo, y no pienso en otra cosa. Cuando estoy recordando o fantaseando, recuerdo y fantaseo, no pienso en otra cosa. He aquí el quid de la cuestión.
Esto que he expuesto en este artículo se dice y se escribe muy fácil, pero realizarlo en la vida cotidiana requiere de los más elevados grados de maestría. Ve poco a poco, paciencia, se consciente, vive el presente, disfruta de lo que la vida te ofrece a cada momento (sea placentero o doloroso). Cuando la mente «se vaya», tráela de vuelta al «aquí y ahora».
Bien, a todo el mundo le gustaría retrasar el envejecimiento, encontrar el elixir de la eterna juventud. Estos científicos han demostrado mediante sus estudios que el Yoga tiene una base real para frenar los efectos del envejecimiento. Yo que no soy científico, voy a dar mi propia versión; una versión más mística si cabe. En este Universo, todos los seres y cosas están bajo el influjo de tres pincipios ecuménicos, la "Trinidad primordial", que no es otra cosa que los procesos que intervienen en la creación, en la plenitud o equilibrio y en la decadencia o destrucción. Los antiguos hindúes los llamaban Brahma el creador, Vishnu el conservador y Shiva el destructor.
Esto a su vez está basado en la parábola solar, que describe el ascenso del Sol desde el alba hasta el mediodía, y el descenso desde el mediodía al ocaso, pasando por la propia fase del mediodía, que es el momento de plenitud y equilibrio.
A nivel biológico, a nivel celular, estas mismas leyes rigen, pero con otros nombres: son los denominados procesos anabólicos y catabólicos. Así, durante nuestra infancia y juventud temprana, tienen predominancia en nuestro cuerpo los proceso anabólicos, de crecimiento. Durante un breve lapso de tiempo (10, 15 o 20 años), hay cierto equilibrio entre anabolismo y catabolismo, en la época de plenitud física, que va de los 20 a los 35 años aproximadamente. A partir de ahí, toman el relevo los procesos catabólicos que se encargan de destruir el cuerpo hasta su ocaso, en la muerte. Esto sucede en todos los seres y cosas sin distinción. Las flores crecen, florecen y se marchitan. Los imperios se crean, se expanden y se destruyen. Los modelos económicos se gestan, alcanzan su cenit y caen para ser reemplazados. Las estrellas nacen, lucen y explotan. El ser humano..., no iba a ser menos: crece, se mantiene en plenitud y después degenera. A ese proceso de degeneración le llamamos envejecimiento. Ahora bien, ¿cómo actúa el Yoga contra el envejecimiento? Modificando la parábola solar, frenando la caida, manteniendo a raya los procesos catabólicos.
¿Cuál es el mayor factor que acelera el envejecimiento? El estrés. El estrés produce decrepitud física y envejecimiento prematuro; el estrés acelera el catabolismo del cuerpo. ¿Por qué hay gente que tiene 30 años y parece que tiene 50? ¿Por qué hay gente con 50 que parece que haya hecho un pacto con el diablo? Aparte de la carga genética que pueda haber en la persona (factor importante) está el factor "cuidarse". El tabaco acelera el envejecimiento, oxida las células, al igual que el alcohol, las drogas, la prolongada exposición al Sol y la mala alimentación; pero lo que más, sin duda, acelera la caída es el estrés. El Yoga mantiene a raya el estrés, y por ende, mantiene a raya el envejecimiento prematuro. Esta es la clave de todo este asunto.
¿Todos queremos ser jóvenes, verdad? Todos nos preocupamos por estar jóvenes y guapos, y cuando llega cierta edad, o nos miramos en el espejo y cierta arruga nos amarga el día, nos gastamos dinero en cremas anti-aging, en tratamientos, en remedios milagrosos, en parches y en cirugía estética. Vale, de acuerdo, eso no está mal, pero recordad que la cuestión radica a nivel celular, en la ralentización de los procesos catabólicos.
-Vale, me has convencido, me apuntaré a Yoga cuando sea más viejo. Porque el Yoga es un deporte de viejos, ¿no?
-No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Empieza a practicar Yoga hoy mismo, cuanto antes empieces, antes frenarás la caída. Si te apuntas más tarde..., pues sí, el Yoga será un deporte para viejos. Para terminar, decir que hay muchos artíclos y opiniones que dicen que "el Yoga rejuvenece", o que "el Yoga alarga la vida", o que "el Yoga adormece el envejecimiento" (como dice el titular de las últimas noticias, titular muy acertado, por cierto).Yo lo que puedo decir sobre esto es que el Yoga ralentiza el envejecimiento; esta es a mi parecer la definición más precisa. Morir nos vamos a morir igual, y no viviremos ni un día más de lo que nuestro ADN tenga dictado, a no ser que la muerte nos lleve antes, debido a una enfermedad, accidente u otro factor. Pero sí que podremos ver aumentada nuestra calidad de vida y nuestra fase de plenitud. Es por esto también que los yoguis adoran y se rinden ante Vishnu, ante Narayana, para poder alargar ese proceso de plenitd físca y mental lo máximo posible en el tiempo.