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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.



LA RESILIENCIA

La resiliencia es una palabra en boga últimamente en la psicología moderna; se han escrito libros, se dan conferencias, cursos, etc, sobre ella. La resiliencia deriva de la palabra latina resilire y significa "rebotar". La resilencia es una palabra que también se aplica a los metales, concretamente a su capacidad para resistir perturbaciones, estrés y deformaciones y volver a su forma natural... Esa capacidad de "rebotar" al cual alude su significado etimológico. La resiliencia es una característica importante en las espadas por ejemplo, que han de ser duras pero no frágiles; rígidas pero no inflexibles. Una espada que no se quiebre...

La mejor definición que he encontrado sobre la resiliencia aplicada al ser humano es: "La capacidad para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas". Dicho de otro modo, la resiliencia es la capacidad del ser humano para superar su dolor, sobre todo emocional, y no quebrarse por ello, sino salir fortalecido y madurado.


Para mí, el mejor ejemplo para explicar esto es comparar al hombre con una espada. El secreto está en su forja. Durante miles de años los maestros herreros han investigado la forma más eficiente de crear una espada perfecta (afilada, dura, resistente, resiliente...), hasta dar con ella, con el "secreto del acero". Así, cada espada forjada a mano es única, pues casi nunca serán iguales su calidad, su pureza y su número de veces necesarias para el forjado, aunque provengan de una misma materia prima común. Ni que decir tiene que las espadas forjadas por diferentes herreros son más diferentes todavía, y que la calidad de ellas muchas veces venía determinada por la maestría de su forjador. Así, en la antigüedad las espadas nunca fueron iguales, ni mucho menos, y había espadas malas y baratas y caras y excelentes, aunque aparentemente fueran iguales a simple vista; unas eran más resilientes que otras. Al ser humano le pasa lo mismo, todos tenemos nuestra capacidad de resiliencia innata, determinada por nuestros genes; al igual que la altura de nuestro cuerpo físico, el color de nuestros ojos o el tono de nuestra voz. Sí, hay personas resilientes y personas menos resilientes.

Hay personas que se hunden rápido, que son incapaces de soportar los reveses de la vida; personas cuyo dolor emocional es tan grande, que la única salida que ven es abandonar este juego de la vida. Hay personas en cambio, que pareciere que disponen de una coraza natural que les permite soportar todas las adversidades que el destino tiene reservado para ellos. Eso es la resiliencia; no lo que nos pasa en nuestras singulares existencias, sino nuestra capacidad de reaccionar ante ellas de forma positiva, sin hundirnos, sin deformarnos irremediablemente, sin quebrarnos. Hay personas que se ahogan en un vaso de agua, literal y figuradamente; y hay quienes soportan lo inimaginable y resurgen de ello como el Fénix, ave legendaria. Por supuesto, entre ambos extremos hay toda una gama de resiliencias; entre ellas nos movemos la mayoría de mortales.

¿Puede entrenarse la resiliencia, puede aumentarse, o estamos determinados por nuestros genes? Yo creo que sí, que se puede trabajar la resiliencia, que nada hay determinado en este mundo si nuestra voluntad es lo suficientemente fuerte. Como he dicho antes, el secreto está en la forja... Nacemos con una materia prima sí, con una calidad equis de nuestro "hierro" al nacer, pero en manos de un experto maestro herrero, podemos convertirnos en una fabulosa espada. ¿Quién es el maestro herrero por excelencia, amigos? LA VIDA.

Hace muchos años, en una conversación que tuve con mi maestro, le dije que no podía soportar más esta existencia, que mi dolor emocional era muy grande y carecía de fuerzas para darle la vuelta a las adversidades que me azotaban por aquel entonces. Nunca olvidaré sus palabras, pues me habló de esto que os estoy contando ahora, y en aquella época el término resiliencia era desconocido y la psicología moderna aún no lo había acuñado. Me dijo: "Aimar, tienes que convertirte en una espada. Los maestros herreros sólo conocen un modo de forjar espadas: a base de fuego y martillazos. Fuego y martillazos, no lo olvides, cientos de veces, miles de veces... Las necesarias para forjar una buena espada, un buen carácter. La vida te pondrá a prueba miles de veces, pondrá ante ti obstáculos insalvables, te producirá dolores terribles tanto en el cuerpo como en el corazón... Pero no olvides que te está forjando... Si superas todas las pruebas y resistes el forjado final, serás un "útil" para el mundo. Resiste".


Resiliencia

Sí, la vida golpea duro y abrasa con más frecuencia de la que nos gustaría. Quien tiene por nacimiento mucha resiliencia es un afortunado, pero a la mayoría de nosotros, que tenemos una resiliencia moderada, no nos queda otra que aceptar con paciencia y confianza lo que la vida nos va poniendo delante, aunque nos duela, aunque nos queme, aunque nos arrebate lo que más queremos, aunque nos humille y nos ponga en situaciones límite, aunque nuestro dolor emocional llegue hasta su paroxismo... Resistiremos, porque todo tiene un propósito. Ante todo y sobre todo, no precipitemos el fin de este "juego de la vida" por nuestra propia mano.

Os dejo con un poema de Agustín Goytisolo interpretado magistralmente por el cantautor Paco Ibáñez. Este poema se lo escribió a su hija en un momento en que ella pasaba por una grave depresión. Paradójicamente ella vivió y años más tarde Goytisolo se suicidó... No pudo superar la última forja. Nadie ha dicho que la vida sea fácil, y que cultivar la resiliencia esté al alcance de todo el mundo..., pero si mantenemos una actitud positiva y vemos nuestra encarnación en este planeta como un aprendizaje y como un medio y no un fin, tal vez nuestro "escudo interno" o resiliencia, aumente en unas cuantas pulgadas de grosor...



A pesar de los pesares, la vida es bella.

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