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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.



LA PHILOSOPHIA PERENNIS

  En el estudio comparado de las religiones, hay demasiadas similitudes, demasiadas convergencias que parecen indicar una Tradición Unánime, una Tradición Primordial, una Philosophia Perennis. Todo deriva de ella, surgiendo con el tiempo y el espacio, las diferentes corrientes que hoy en día conocemos como religiones y escuelas de pensamiento. Digamos que la Philosophia Perennis es el tronco, y todo lo demás son sus ramas.



Philosophia Perennis


¿Por qué hay tantas semejanzas entre el cristianismo, el paganismo, el hinduismo, el zoroastrismo, el budismo, el islam, las religiones mistéricas babilónicas y griegas, la religión egipcia, y todas las escuelas iniciáticas? ¿Por qué todas las tradiciones dan por sentada la existencia de Dios, del más allá y de la vida después de la muerte? Sólo se me ocurren tres posibles respuestas para tales hechos:

1-     Existe una única Verdad con mayúsculas; inmutable y universal. Todos los grandes maestros, iluminados e iniciadores de los diferentes sistemas religiosos y místicos, tuvieron acceso a esa Verdad, mas al expresarla después, la tiñeron acorde a la época, el lugar, la cultura, y la expresión personal de sus mentes concretas, incidiendo en un aspecto particular de esa verdad: amor, sabiduría, belleza, pureza, moral, etc.

2-     Todas las religiones y demás sistemas de pensamiento derivan de uno sólo: del primero (Philosophia Perennis). Y a lo largo del tiempo y del espacio ha ido transformándose, como es lógico, hasta la diversidad que conocemos hoy en día. Algo así como los idiomas que parten de una lengua madre.

3-     Una suma de los dos postulados anteriores.

Sólo de esta forma se me ocurre dar respuesta a las innegables coincidencias y nexos en común que existen entre todas las religiones y sistemas de pensamiento místico.

¿Por qué coinciden? Porque tratan  sobre temas universales, intemporales, transcendentales, que son válidos para todo ser consciente de todo planeta, toda época y toda circunstancia. Es el Misterio de Misterios; aquello que una vez conocido, hace que deje de ser necesario saber cualquier otra cosa.

 ¿Por qué se creó el Universo? ¿Con qué finalidad? ¿Por qué son como son las leyes de la física? Aunque es una posibilidad, el azar lo excluyo completamente; no concibo, ni remotamente, que el Universo exista por casualidad, gobernado por unas leyes carentes de inteligencia, carentes de propósito.

Todo el mundo sabe que toda obra de arte tiene un artista que la creó; que toda obra de ingeniería tiene un ingeniero que la diseñó, con una finalidad útil y concreta además; que toda construcción tiene un arquitecto que la ideó con fines prácticos. Ahora bien, ¿por qué el Universo, por ley de analogía, iba a ser diferente?, ¿por qué tan magna obra iba a carecer de autor y de finalidad concreta? 


Todo esto hablando desde la mente, mas ¿qué nos dice el corazón sobre tales asuntos? Yo no concibo ni con la mente ni con el corazón que el Universo sea un absurdo sin sentido, sin propósito, sin finalidad. No concibo que con la muerte del cuerpo físico se acabe todo para un ser consciente; ni concibo que no haya un orden, aun en el más absoluto de los desordenes.

No me cabe la menor duda de que el Universo fue creado con profundo amor, para que nosotros, los seres conscientes, lo utilicemos como escenario donde evolucionar, aprender, perfeccionarnos, y en última instancia, expandir nuestra consciencia hasta su paroxismo; hasta un nivel próximo de aquél, o aquellos, que lo crearón. Tal es la finalidad del Universo: servir de escenario; proporcionar las bases materiales para que el espíritu pueda expandirse. He aquí el misterio de la materia.

¿Quién lo creó? «A Dios nadie puede conocerle, pero quien conoce al Hijo, conoce al Padre». ¿Quién es el Hijo? El Hijo soy Yo (leido en primera persona, somos cada uno de nosotros). Por eso, «¡oh hombre!, conócete a ti mismo, y hallaras el conocimiento del Universo y de los Dioses».
 

No creo en el dios de los cristianos, ni en el de los hindúes, ni en el de los judíos, ni en el de los musulmanes, ni en el de otras instituciones religiosas. Creo en un Dios Universal, válido para todos los seres habidos y por haber, y para todos los millones de planetas que pueblan este vasto universo. ¿Os imagináis dentro de cincuenta mil años, cuando la Humanidad esté repartida por el Sistema Solar y por sistemas estelares vecinos, que se siga dando culto a Jesucristo, a Yavé o a Alá, con sus respectivas instituciones? ¿Os imagináis a los seres inteligentes de un planeta de una lejana galaxia adorando a Jesús como "el único Hijo de Dios", o a sus mujeres llevando el rostro cubierto por un velo y sus derechos entrecortados "porque lo ha dicho Alá"? Si no es válido para todos, no es válido para ninguno; y cuando digo «todos», abarca hasta el último ser del último confín del Universo.


La Philosophia Perennis es aquella que trasciende toda época, lugar y cultura. Las matemáticas superiores (de las que ya hablaremos en otro post) son su lenguaje simbólico. Los símbolos ecuménicos que alberga pueden ser válidos para todos, pues transmiten principios Universales. 

Las religiones de masas, con sus respectivas instituciones, tienen cierta función en la sociedad, aunque la mayoría están desfasadas, desactualizadas y a punto de llegar a su fecha de caducidad (un eon más su periodo de transición y algún que otro coletazo). No voy a meterme con ellas... No de momento.

Es tiempo de que el hombre comience a caminar por sí mismo, y de que halle las verdades eternas en el templo más sagrado que existe, en el de su corazón. No hace falta ir a ningún sitio, ni afiliarse a nada, ni hacer ningún voto... Sólo siéntate cómodamente, cierra los ojos, haz la paz en ti, mantén tu mente centrada en la luz del ser, y que tu conciencia se vaya expandiendo. Poco a poco; día a día; año a año...

No te creas nada, investiga, contrasta información, piensa por ti mismo, medita, sirve, avanza, genera luz... Conviértete en antorcha.

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