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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.



El triángulo de la asana

Todas las asanas de yoga, independientemente el estilo, han de cumplir tres requisitos: postura, respiración y concentración.


El triángulo es la primera figura geométrica capaz de encerrar un área, y para construirlo, hacen falta tres puntos. En el caso de la asana, al practicar yoga, estos tres puntos deben estar formados por:


  • Postura correcta: firme y cómoda.
  • Respiración: lenta, fluida y controlada.
  • Concentración: en las sensaciones físicas que produce la asana.

¿Qué sucede si falta uno de esos puntos? Que ya no hay triángulo, se escapa la energía, ya no hay yoga... Habrá otra cosa, quizá stretching o gimnasia, pero no yoga.

3 puntos importantes, y para recordarlos, que mejor que una imagen mnemotécnica: el triángulo.

El triángulo de la asana

¿Hay triángulo cada vez que haces una asana, la que sea? Recuérdalo.

¿Qué suele suceder normalmente? Veámoslo:


Postura correcta:


Patanjali en sus Yogasutras solo da una indicación sobre las asanas, y dice que han de ser firmes y cómodas... Nada más, eso es todo, eso es lo importante. «Firme y cómoda» significa que estamos en el punto justo. ¿Y cuál es el punto justo? Para cada cuerpo hay uno, y cada cual tiene que descubrirlo. Por lo general es cuando comienza cierto dolor agradable, sin ser molesto, que da cierta sensación de trabajo, de estiramiento. Más es forzar, menos es estar demasiado cómodos.

¿Mantenemos una postura firme y cómoda?

Si hacemos yoga en grupo, seguro que siempre forzamos más de la cuenta porque queremos impresionar a alguien (o al profesor o a algún compañero).

Si hacemos yoga en la soledad de nuestra casa, podemos forzar demasiado queriendo hacer progresos (en el yoga no se progresa así), o estamos demasiado cómodos.

Recuerda: FIRME Y CÓMODA HA DE SER LA ASANA.




Respiración:


Cuando hacemos una asana y la mantenemos unos segundos o unos minutos, siempre hemos de mantener la respiración controlada, lenta y fluida. Por lo general, hacemos respiraciones yóguicas completas o abdominales, aunque hay posturas que requieren de cierto tipo de respiración específica. Abdominal las invertidas, costal las torsiones y alta «el pez», por poner unos ejemplos.


Concentración:


Punto importante sin duda. ¿En qué estamos pensando cuando hacemos la asana, la que sea? Fácil, no hay que pensar. Si pensamos, ya no hay triángulo.

¿En qué hay que concentrarse entonces? En las sensaciones que produce cada asana. Observa (sin pensar, juzgar ni comparar) cómo actúa en ti la asana:


  • Siente los músculos que se estiran.
  • Siente la sensación que producen las presiones de la postura a nivel de la caja torácica y abdomen.
  • Siente cómo es la respiración de tu cuerpo al permanecer en la asana.
  • Siente los músculos que no intervienen en la postura, y si están tensos relájalos.
  • Desarrolla tu conciencia corporal mediante la observación.

Esos son tus soportes de concentración. La mente se irá... Se irá a pensar en otra cosa... Se irá al pasado mediante la memoria o al futuro mediante la fantasía. Se irá... Pero si te das cuenta que estás pensando, dirige tu mente hacia los puntos antes citados y mantente ahí, concentrado.

Estos son los 3 puntos para construir el triángulo de la asana, y si se hacen bien, después de la práctica tenemos que sentir paz y bienestar. Si no sentimos eso, si sentimos malestar, angustia, agitación o dolor, es que algo hemos hecho mal, es que hemos forzado en exceso en algún punto.

La asana perfecta está construida con estos 3 puntos, y es perfecta en cada persona, pues cada persona tiene unos límites diferentes. No te compares con nadie; no te engañes pensando que una asana perfecta es la que «parece» perfecta vista desde fuera. Aunque tengas poca flexibilidad, puedes hacer asanas perfectas si mantienes el triángulo.

Y ahora, a practicar, que el secreto está en la práctica.

Aimar Rollán (Gopal)


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