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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.



PEDIR AYUDA


El otro día la batería del coche me dio una lección; lección que ya sabía, pero que se me olvida con cierta frecuencia. Tenía aparcado el coche en el centro de Bilbao, y en hora y media tenía que estar en San Sebastián para entrar a trabajar, y entre medio hacer unos recados. No hacía ni un mes que había cambiado de coche, ya que mi antiguo vehículo, con más de 320.000 kilómetros sobre sus ruedas necesitaba un merecido descanso. Cual fue mi sorpresa al accionar el contacto y no poder arrancar el coche.

Help!

Un coche semi nuevo, en perfecto estado, con todo a punto... Volví a accionar la llave; el motor mudo, sin ninguna intención de arrancar. Me quedé sentado unos segundos, paralizado. Volví a intentarlo, nada; la batería estaba muerta. Sabía que era la batería por los síntomas. Salí del coche maldiciendo.

Abrí el capó, miré el motor, revisé los bornes de la batería, le di cuatro golpes por si volvía a la vida como si de una RCP se tratase. Nada. Cogí las herramientas que tengo en el maletero, apreté dos tuercas. Nada. Clamé al cielo y le pedí ayuda a Dios. Nada. Estuve tentado hasta de hacerle reiki a la batería, que en algún sitio había leído que se puede cargar una batería con reiki (menuda estupidez). Nada. Volví a insistir; volví a accionar la llave de contacto. Nada. Resignación absoluta.

No tenía ni un minuto más que perder, así que me decidí a pedir ayuda. Caí en la cuenta de que nada podía hacer por mí mismo para arrancar el coche; ni con todo mi conocimiento, ni con todo el poder de mi cuerpo físico, ni con todo el deseo por arrancarlo podría hacer nada más. Cogí el teléfono y llamé a mi seguro. 20 minutos después apareció la grúa que había pedido. Nada más bajarse el técnico le dije que casi con total seguridad no arrancaba porque (por algún motivo que desconozco) se había descargado la batería. Le puso las pinzas a la batería y 30 segundos después el coche estaba en marcha. Aquella mañana conseguí hacer los recados pendientes y llegar puntual al trabajo.

¿Qué es pedir ayuda? ¿Cuándo hay que pedirla? ¿Por qué nos cuesta tanto pedirla? Pedir ayuda significa que nosotros no somos capaces de hacer o de solucionar algo por nosotros mismos, y ese hecho hiere a nuestro orgullo, a nuestro ego que se resiente por no ser infalible. «Si yo no puedo, nadie puede», piensa; o «ya se arreglará solo, con el tiempo». Esas son las dos frases favoritas del ego herido.

Primero hago todo lo que puedo, todo lo que está en mi mano. Tampoco hay que abusar a la hora de pedir ayuda, ya que también hay gente que tiene mucha facilidad para pedirla, pues por comodidad prefiere que los demás le solucionen los problemas; pero no, primero hacemos todo lo que podemos, todo lo que está en nuestra mano. Si vemos que por nosotros mismos no podemos solucionar el problema, es momento de tomar consciencia de este hecho y pedir ayuda. Pedir ayuda no significa que seamos débiles o que seamos unos fracasados. Pedir ayuda forma parte de la naturaleza humana, es más, es un acto de humildad que nos hace ser conscientes de nuestras limitaciones y nos engrandece en cierta medida.


Saber pedir ayuda

Si aquella mañana no hubiera pedido ayuda, jamás habría podido encender el coche por mí mismo, y el tiempo no carga una batería por sí sola. De no haberlo hecho habría llegado tarde al trabajo y quizá ese hecho pudiera bastar para perderlo. De igual manera, hay mucha gente que está enferma y no es capaz de pedir ayuda. Hay gente que tiene problemas y no es capaz de pedir ayuda. En algunos casos, uno puede perder más que un trabajo, puede perder la vida por no dejarse ayudar.

Pedir ayuda tampoco significa delegar en otra persona nuestro problema, significa lo antes dicho, poner todo de nuestra parte y que otra u otras personas añadan ese extra que permita que la solución se de.

¿Quién puede ayudar? No ayuda el que quiere, sino el que puede. Los profesionales en la materia son los más adecuados para según que tipo de ayuda. Si se estropea el coche no vamos a llamar a un cirujano, llamaremos a un mecánico. Si estamos enfermos, habrá que contar con algún profesional médico. Si necesitamos de ayuda del orden emocional o mental, un buen psicólogo o un buen amigo que nos escuche será lo que necesitemos.

A veces la ayuda puede ser ínfima pero suficiente para solucionar un problema; otras hará falta mucha ayuda. Pero hay que pedirla explícitamente; esto es muy importante, pedirla. Muchas veces damos por supuesto que los demás saben que necesitamos ayuda, y como no nos ayudan, nos enfadamos con ellos. «Deberías haber sabido, deberías haberte dado cuenta que estaba mal», les reprochamos. ¿Pero acaso les hemos pedido ayuda?

Hay que pedir cuando uno lo necesita. Pedir y alguien os ayudará, ya sea un alma caritativa o un buen profesional que os cobre por sus servicios. Pero lo que está clarísimo es que «no hacer nada» no ayudará a nadie, a no ser que no hacer nada sea lo más conveniente en dicha circunstancia (cosa rara pero posible, y que hay que saber discernir muy bien).


Reacciones:

4 comentarios:

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  3. Hola Aimar, me gusta mucho tu manera de escribir y este articulo me parecio muy ameno. Me encanto la foto de los gatitos...Sabes, hace algunos dias te queria comentar que incluyeras estos bellos felinos en tu blog. Asi que cuando los vi me causo una sorpresa muy agradable.

    Saludos desde California.

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    1. Vaya, sincronicidades! Esa foto de los gatos me pareció ideal para el artículo. Saludos desde España!

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