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Hay quien busca el Yoga en el extranjero, en la India, en el Himalaya o en lugares fascinantes... Lo cierto es que no hace falta irse tan lejos. Quédate donde estás, pues el viaje empieza en ti y la búsqueda culmina en ti. Nada hallarás fuera de ti que no se encuentre dentro de ti.



Parar y reparar

En yoga, y en casi todos los trabajos de desarrollo personal, todo comienza parando y reparando.


Para y repara... Recuerda y memoriza esta máxima. Esta frase parece que tiene solo dos ingredientes, pero en realidad tiene tres.


Para y repara

Reparar tiene dos significados: por un lado significa reparar, propiamente dicho, como sinónimo de arreglar, y por otro significa darse cuenta, tomar conciencia, (reparar en algo).

Todos queremos reparar (arreglar) algo en nuestra vida, pero ese es el tercer paso de esta ecuación. Previamente hay que tomar conciencia (reparar en), y para ello es imprescindible parar.

Lo veremos mejor con un símil:

Tenemos el coche estropeado y lo llevamos al mecánico. ¿Qué es lo primero que hacemos? Dejarlo parado. ¿Os imagináis reparar un coche en marcha, a 120 Km/h? Bien, una vez parado, el mecánico identifica el problema, repara en el problema, toma conciencia de él, y solo después se pone manos a la obra para repararlo (arreglarlo).


Estos tres pasos son imprescindibles para cualquier tema de reparación o sanación. ¿Por qué lo primero de todo es parar? Porque cuando paramos, cuando nos relajamos, no solo ponemos en marcha las fuerzas innatas sanadoras del cuerpo, sino que también hacemos que se calmen las aguas del lago de nuestra vida, y al calmarse las aguas, podemos ver mejor lo que hay en el fondo y poder así tomar conciencia de ello.


Frase de Einstein

Si no tomamos conciencia de un problema, es como si este no existiera para nosotros, y entonces la vida nos gobierna con sus mareas inconscientes. No podemos arreglar aquello de lo que no somos conscientes, ni luchar contra un enemigo invisible. Si el mecánico no sabe cuál es la avería, difícilmente podrá arreglarla. Podrá hacer varios intentos a ciegas, por azar; cambiar esto y aquello, apretar una tuerca por aquí, otra por allá, darle cuatro martillazos a algo, y cosas por el estilo; pero así solo por casualidad se solucionará el problema.

Así que recuerda siempre estos tres pasos:

1. Para, echa el freno de mano, desconecta, relájate.


2. Toma conciencia de tu cuerpo, de tus emociones, de tus pensamientos, de tus problemas.


3. Haz acciones para arreglar, corregir y mejorar aquello que necesita ser arreglado, corregido o mejorado.

Para y repara.

Aimar Rollán


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